Diálogos de Premier Cateriano conducentes a magros resultados

Editorial
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ERP. No es la primera vez que el gobierno intenta dialogar con los líderes políticos. Los intentos anteriores simplemente no llevaron a ninguna actitud de cambio y al contrario, se enfrascaron en cuestionamientos y respuestas, que desdicen las intenciones de encontrar puntos de consenso entre el gobierno de Ollanta Humala y líderes de la oposición.

Pedro Cateriano Bellido, hace una semana decidió dar un improvisado mensaje e hizo un llamado al diálogo. Afuera, las pruebas contra Ollanta y Nadine remecían el espectro político y muchas granadas explotaban en señal que algo oscuro estaba pasando.

Tras ello, se habló del fraccionamiento de las Fuerzas Armadas y de las intenciones de ir hacia un golpe de Estado. Aunque el supuesto es descabellado en estos tiempos, el solo rumor concitó la atención y nuevamente los peruanos se encontraron entre lo mediático y la realidad.

Tras 4 años y un dos meses de gobierno, Ollanta Humala deambula en el poder y no encuentra un norte claro que lo catapulte como Presidente. Contrariamente, se infesta por presuntas pruebas que ponen en entredicho la moralidad y honradez que pregonó la pareja presidencial en la etapa previa a la de Gobierno.

El ruido político, ha desmerecido mucho más a las instituciones y si alguien pretendió usar como cortina de humo la captura de Gerald Oropeza, se equivocó rotundamente. Después de la algazara por la captura del presunto narcotraficante, todo regresó a su crispación inicial. Ollanta, no puede convencer y su esposa tampoco, respecto a lo que se dice de ellos.

No puede entenderse, como un gobernante que se comulgaba pragmático y hasta de izquierda, haya terminado alineado con la derecha peruana, sin bases sostenibles y con un bancada parlamentaria disminuida y sin mayor calidad.

Los diálogos con los líderes políticos es un buen intento, pero no lo es todo. Ollanta, su Premier, su Ministro de Economía, se han desmembrado de la población misma, y todo lo que hagan no es suficiente para bajar las discrepancias. Loreto es el caso presente y el proyecto Tía María el más mediato.

Con este tipo de diálogos, por muy entusiastas que sean, no se logra nada. Primero, porque el Gobierno no tiene crédito, porque la oposición representa casi poco y porque la población mayoritaria no se siente representada por este modelo.

Más allá de las poses y de las fotos, el tiempo es el que apremia, para que los ciudadanos peruanos se enteren de propuestas de gobierno, de potenciales candidatos presidenciales, de actitudes, conductas y liderazgos que se verán en el 2016.

Pedir responsabilidad a los votantes es un eufemismo que nunca se cristaliza. Los peruanos merecen mucho más que la oferta actual.