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Jue, May

Sullana cumple 104 años entre la suciedad y el crecimiento económico

Editorial
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ERP. Sullana es una provincia regada por las aguas del río Chira, las cuales en parte vienen de la cordillera piurana y la mayor cantidad de Catamayo en el Ecuador. El tener agua constante, le ha permitido una agricultura diversa y con ella, oportunidad de empleo para quienes viven en el distrito capital y en otros que se han ido creando hasta llegar a 8.

Después de Piura, Sullana es la provincia más pujante. Sus tierras han derivado en una agricultura de exportación y el banano es enviado hacia Estados Unidos, los Países Bajos y Europa; el limón genera una economía favorable para los agricultores de la zona y la uva, sandía y palta, poco a poco incrementan la oferta de exportación de los sullaneros.

El crecimiento económico no solo es el campo agrícola. También lo es la industria y extensos campos que antes eran eriazos, ahora son usados para el sembrado de caña de azúcar y posterior producción de etanol. La actividad comercial es intensa y sigue siendo la despensa de productos alimenticios para otras provincias como Paita, Talara y Ayabaca.

Producto de esta dinámica la ciudad crece y explosiona sin ninguna planificación. Se extiende horizontalmente por un terreno accidentado y sus calles en algunas partes son extensas, producto de las invasiones. Los servicios son deficientes y entre ellos, el transporte es un total caos.

Su capital provincial y que lleva el mismo nombre, fue planificada a medias. Ubicada a la vera del río Chira, sus viviendas le dan la espalda al valle y los sullaneros y visitantes pierden uno de los recursos estéticos más valiosos. Sus barrancos ribereños se encuentran llenos de basura y con viviendas que probablemente se llevaría el agua si existe un periodo lluvioso intenso.

Son 300 mil habitantes que se distribuyen en unas pocas urbanizaciones y una mayor parte de asentamientos humanos. Nunca hubo respeto por la propiedad privada y los “sin vivienda” tuvieron todas las facilidades para las invasiones. Hernando de Soto, en su libro “El otro sendero” habla sobre las invasiones en esta provincia y quizá ese legado cultural nunca fue superado.

En el 2006, un alcalde díscolo incentivó las invasiones y algunas áreas libres fueron ocupadas; como antes lo fueron otros puntos cardinales de la ciudad. Otros sectores más organizados, defendieron incluso con bala los espacios de uso público. Otros invadieron una hondonada y allí están esperando una lluvia para perjudicarse y ser damnificados por impacto de la naturaleza.

Hace dos años, se quiso hacer en unos meses, lo que debe ser consecuencia de actos sostenibles. Producto de esa ceguera municipal, la ciudad de Sullana, principal centro poblacional de la provincia, se encuentra destruido y creando una sensación de desgobierno, caos y desorden. Recuperar los espacios destruidos, es parte de la responsabilidad que tienen las autoridades actuales.

Producto de la desesperación, varios vecinos reclamaron recientemente se resuelva algunos problemas y el alcalde, no tuvo otra reacción que molestarse públicamente. Quizá no es culpa de él el ser como es; tampoco es el responsable directo de lo que sucede actualmente; más si alguien es elegido, lo elemental es entender los problemas provinciales, adoptar las decisiones para resolverlos y demostrar que se estuvo capacitado para un cargo municipal.

En tanto esto sucede, Sullana se encuentra dislocada. Afectada por las vías destruidas y buzones de agua y alcantarillado expuestos. Llegar en automóvil o en trimóvil es una odisea tremenda y las calles adyacentes a la José de Lama, son usadas para paraderos, donde el sentido de la vía no se respeta. 

Lo cierto, que los liderazgos provinciales no han sido los mejores. De los jóvenes impetuosos y propositivos de los años 60, no queda nada. Las nuevas generaciones han hecho poco por impulsar su provincia hacia mejores niveles de desarrollo. Se adiciona los daños que creó la naturaleza en 1982-83, de cuyos estragos aún no se sale.

No existe articulación para promover desarrollo. Cada quien sigue su propia ruta y su propio rumbo. Se puede decir, que la descentralización no ha significado mayor beneficio para esta provincia. La centralización, sobre todo económica, sigue siendo el gran problema que afecta las provincias y esta no pueda ser la excepción.

Al ser una provincia boyante, facilitó el crecimiento de la delincuencia y hasta hace unos años, las muertes y la violencia, creaba enormes dramas. La población salió a las calles, alzó la voz y en marchas masivas, lograron que haya una mayor preocupación por los temas de seguridad. Aún sigue siendo un problema, pero menos grave de lo que vivían los sullaneros años atrás.

Sullana cumple 104 años de creación política. Es un motivo de festejo y de algarabía para su población. Al mismo tiempo, es mirar sus responsabilidades con cara al futuro. Recursos se tienen y las oportunidades se encuentran en el país y a nivel internacional. Lo que resta es liderazgo para lograrlo y en ese sentido, aún se tiene una tarea pendiente.

Que este aniversario, permita mirar en perspectiva y creer que es posible vivir mejor. Es la tarea pendiente para los siguientes años.