Los políticos y la cultura de la negación frente a acusaciones en su contra

Editorial
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ERP. Todo hace suponer que la formación académica de César Acuña Peralta es un fraude. Basta escucharlo leer para darse cuenta su poca versatilidad para hacerlo; esta baja formación educativa implicaría los plagios, es decir tomar como suyos, contenidos que no le pertenecen. De lo anterior no cabe duda e investigaciones serias demostrarán la realidad de lo que ya se conoce.

Sin embargo, Acuña va por plazas y giras, gritando que lo quieren perjudicar en su campaña electoral. No tiene ningún temor de ser retirado de campaña y él lo sabe, tanto como lo saben miles de peruanos, quienes conocen la forma de resolver los asuntos en el sistema judicial, electoral y administrativo. Es difícil, que el candidato de APP, no sea candidato.

Alan García Pérez liberó presos por narcotráfico; fueron miles y quiso ponerse al nivel de Barack Obama para justificar su tan cuestionada decisión. Su nivel de popularidad ha descendido y muchos encuentran en estas decisiones los motivos; además, lo acusan del “baguazo” en el cual murieron varios peruanos y siempre busca justificarse.

Recientemente, olvidándose de su condición de candidato presidencial, ordenó que la periodista se rectifique. Posteriormente en videos se demostró que él dijo lo que ahora niega; es decir que existen peruanos de segunda clase, que no pueden marcar la agenda en el país. Se refería al grupo de indígenas que se oponen que la selva sea afectada por inversiones no sostenibles.

Alan García Pérez, se desplaza por todo el país, y nunca acepta ni siquiera un error y aboga con increíble flema que su gobierno ha sido el mejor y que nunca hizo nada negativo como presidente.

Alejandro Toledo, se encuentra con una investigación fiscal por el caso que compromete a su suegra en un hecho dudoso. Que su suegra fue beneficiaria de una indemnización por ser víctima de guerra, que el dinero no era de él y que se lo prestó su ex asesor y más mentiras y contradicciones propias del ex mandatario.

Lo cierto, que no existe una explicación real y creíble para justificar las adquisiciones de inmuebles en Lima por parte de la suegra de Alejandro Toledo. La forma de actuar es la misma que Acuña y la misma que realiza Alan, es decir negar y negar que algo queda.

Igual sucede con los representantes del fujimorismo. El ex presidente Alberto Fujimori se encuentra preso y los ilícitos cometidos se encuentran hasta en formato de video. La hija fue primera dama en la época del ex presidente y conocía al detalle los entretelones de lo que sucedía entre los “siameses” Fujimori-Montesinos.

Para Keiko Fujimori, su padre es inocente y lo resuelto por la justicia es un abuso contra su padre. No existe actitud de reconocer los delitos y mediante esta careta visita pueblo por pueblo, con un argumento ahora más evasivo, muchas veces contrito, más cuando le preguntan por su padre, expresa que la libertad del ex presidente se encuentra en el Poder Judicial.

Si miramos solo estas cuatro experiencias, observamos que la ética es lo último que prima en la política peruana. No existe reconocimiento de los errores y menos de los delitos; siempre serán inocentes, porque así es la cultura peruana; es decir la de negar lo evidente.

De igual manera parte del pueblo, resuelven y votan con emocionalidad. Enraizado en la imaginaria popular un candidato, construidos los seguidores, toda acusación en campaña puede reconvertirse y asumir forma de víctima para ser compadecido por las masas. 

Lo expresado en las presentes líneas, es una demostración que la justicia debe llegar a tiempo y las instituciones garantizar que son solventes. Hacerlo en campaña electoral siempre tiene sus riesgos y sus condicionantes, que podrían convertir en víctima a quienes no lo son.