Elecciones municipales: Saber ganar saber perder

Editorial
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ayabaca-eleccionesERP. La Región Piura y el país en general, se halla envuelto en protestas y actos de violencia. En la provincia de Sullana primero fue una caravana de los seguidores de Región para Todos. Después los de Unión Democrática del Norte no se quedaron atrás. Dos ex candidatos de Tambogrande, se reclaman ganadores de la contienda electoral; sin embargo, la ONPE en su sistema indica que el ganador es uno de ellos. El mismo día de las elecciones destruyeron las actas del distrito Cristo Nos Valga y el resultado ha quedado confuso.

Después de las elecciones del 05 de octubre, los descontentos de los perdedores se vienen multiplicando. En algunos casos la violencia destruyó actas e inmuebles como sucedió en Cristo Nos Valga e Ignacio Escudero. En Sullana, se convocó a una "marcha pacífica" repitiendo en la inconformidad lo mismo que sucedió en el proceso del 2010. Es decir, la conducta no es diferente entre uno y el otro; lo evidente es la incapacidad para aceptar resultados que son adversos.

Hoy, las noticias sobre el conflicto en Ayabaca, trascienden las fronteras regionales, para convertirse en un acontecimiento nacional. En este caso, discrepan del triunfo de don Humberto Marchena y aducen irregularidades cometidas por el alcalde de la provincia de Ayabaca.  Podría ser cierto; sin embargo, esos reclamos deben trascender el espacio electoral. 

En la aplicación de la Constitución de 1993, el sistema electoral se modificó y se dividieron las funciones del JNE, ONPE y RENIEC; analizado en perspectiva, ha permitido una mejor funcionalidad de los procesos electorales. La posibilidad de un fraude, es menos probable y por lo tanto la garantía de fidelidad en los resultados es mayor.

Contra ello, los conflictos son más sociales que matemáticos. Estadísticamente alguien gana y así lo dice el sistema que computa los votos. En las calles, varios grupillos marchan hacia las ODPE o hacia los jurados electorales especiales para mostrar su discrepancia por el resultado. Arengados por algunos obtusos, las voces de "fraude" se repiten y se hacen carne. Esa población que marcha a favor o en contra, obvia que en este sistema, el que tiene más votos gana y los que obtuvieron menos pierden.

Tecnológicamente, los fraudes son casi imposibles. Pueden presentarse errores humanos y eso es factible de corregirse; más, torcer de manera sistémica el resultado, para favorecer a un candidato, las posibilidades son mínimas. Lo que sí existe, es la fobia y el encono de unos, contra el triunfo de los otros. Se podría evitar en las propias urnas, si no mediara el interés inusitado por ser elegido o ser candidato. La proliferación de candidatos es la constante en todo el Perú.

En el caso municipal, quien obtiene la mayoría gana. No hay segunda vuelta por muy bajo que sea el porcentaje. Esa es la norma, aunque resulte ilegítimo el futuro gobernante. La segunda vuelta podría ser una opción para legitimar al ganador; sin embargo, no existen fórmulas para decir que sería la solución.

En un proceso democrático o se gana o se pierde. Aceptar el resultado, es parte de la democracia nacional o local. Incendiar, destruir bienes, afectar vidas; simplemente es una acción no humana, propia de los enconos y rivalidades entre contendores.