Una vez más se insiste con impedir reelecciones

Editorial
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Congreso de la RepúblicaERP. Esta semana se lanzó un distractor efectivo. Se planteó la no reelección de los congresistas y de inmediato la población se inclinó a favor de la iniciativa; obviando mayor juicio y sin tener en consideración las reales implicancias que crean problemas de legitimidad social y muchas veces legal de los integrantes del Congreso de la República; en tanto, los actuales parlamentarios se inclinaron más en contra que a favor.

La propuesta fue realizada por Teófilo Gamarra. El legislador de Gana Perú, autor del proyecto de ley que plantea prohibir la reelección inmediata de los congresistas, buscaría hacer una "cortina de humo" para sustraer a la ciudadanía de temas candentes como el caso Orellana, López Meneses e incluso Belaúnde Lossio.

Seguimos en lo mismo, confundir que las reelecciones son malas y no es así. Es aplicable para presidentes regionales, alcaldes, regidores, consejeros y parlamentarios en general. Las reelecciones no son malas per se. Una autoridad podría ser ejemplar en un primer mandato e incluso en un segundo; tanto como otra podría ser de lo peor en una primera elección y mucho peor en una segunda vez.

La composición del parlamento es como es, por el sistema político vigente; es como es, por la desidia del ciudadano para elegir responsablemente; es como es, por la crisis social que acepta como normal los actos de corrupción y por el sistema de control que es tardío y muchas veces anacrónico en la evaluación de los hechos.

Gerardo Viñas Dioses, presidente regional de Tumbes, ejercía su primer mandato y las acusaciones en su contra señalan que no tuvo consideración alguna para delinquir. El ejemplo es claro, para demostrar que una primera o una segunda reelección, nada tienen que ver con la corrupción y ésta más se explica por asuntos estructurales e institucionales.

Mal se hace en echar toda la culpa de los casos de corrupción a las reelecciones y se pretenda hacer modificaciones constitucionales y legales para impedir la continuidad en los cargos públicos mencionados. Sin embargo, se mantiene silencio respecto al funcionamiento de los partidos políticos y su forma de selección de candidatos.

En Perú no tenemos partidos políticos y nos esforzamos en no tenerlos. Las normas actuales son simplemente un engaño. Hemos sido testigos como en Piura, un candidato se lanzó en una agrupación independiente, después mutó hacia un partido político y terminó en otro. Transfuguismo puro. Como este caso, existen centenas en el país y en tanto se mantenga este tipo de prácticas, quienes asumen representatividad siempre serán los vivos que saben acceder a los niveles de decisión.

Igualmente, en las elecciones generales los candidatos al Congreso, son aquellos que deciden las cúpulas. No existe democracia departamental para decidir con autonomía; todo es más cuestionable si la organización tiene opción de ganar; entonces, culminan de candidatos personajes que no residen en el departamento al cual postulan y no representan a nadie.

Es el dinero el que prevale para ser parte de una organización con opción de elección; las vinculaciones de poder con la cúpula otorga ventajas favorables y la viveza para mutar son algunos elementos que inciden en una postulación. Si el control previo y democrático de una organización política no funciona, entonces se elegirán a personajes con escasa formación y limitados valores éticos y morales.

Si se mantiene el sistema político, conforme funciona en nuestro país, seguiremos con congresistas ineficientes, alcaldes y presidentes regionales incapaces e incluso corruptos. Sin embargo, la eficiencia, la moralidad e idoneidad, no tiene nada que ver con la elección o con la reelección.

En conclusión, el sistema democrático peruano mejorará, si la población es más preocupada por sus asuntos públicos, si los partidos se reforman realmente y si el sistema de control público funciona eficientemente.

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