No hay razón para escandalizarse por incremento de sueldos de ministros

Editorial
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servidores-publicosERP. El incremento de sueldos a favor de los ministros ha generado reacción, los beneficiarios defendiendo la medida, los opositores aprovechándose de la decisión adoptada. Ganar 40 mil nuevos soles, por el desempeño de un cargo de alta complejidad, no es un dilipendio y no puede haber comparación con un trabajador común y corriente. Se gana lo que se merece y en función a ello, no debería escandalizar que se otorgue una remuneración mayor a funcionarios de alto nivel y se establezca un monto más justo a los 900 mil empleados públicos. 

Se observa un aprovechamiento político del tema. Alan García Pérez, gritando y calificando la medida, otros planteando que buscarán la derogatoria del incremento. Hacer populismo es fácil con posiciones contrarias a lo que no ganan otros. Sin embargo, si se desea contar con los mejores profesionales en el Estado, el sueldo debe compensar lo que dejarían de percibir en la actividad privada. 

Consideramos exageradas las expresiones que se oponen al incremento y desatinadas las calificaciones de algunos políticos; los sueldos deben sincerarse y no camuflarse como en el gobierno fujimorista, cuando en planilla se consideraba una cifra que era diferente a la que realmente percibía un ministro, tal como lo denunció un ex Premier. 

Igualmente, mejores sueldos deberían conllevar a un manejo más transparente de los fondos públicos. 

El debate se ha iniciado, y mediáticamente es un tema que genera reacción y oposición; sin embargo, si se analiza la realidad y la necesidad de incentivar adecuadamente la labor de funcionarios de alto nivel, el sueldo debe conllevar a una retribución justa. 

Respecto a la comparación entre salario mínimo y sueldo de un funcionario de alto nivel, debería llevarnos a mirar la realidad nacional e internacional. América Latina, es la región con más altos desniveles en el ingreso y no justamente por ser un asalariado o ser ministro. Las inequidades, son de estructura y en esa particularidad, son responsables aquellos que ejercieron cargos públicos y que fueron incapaces de modificar la relación entre pobres y ricos. 

En tal sentido, el Perú debería invitarlo al silencio de García Pérez, responsable de la mayor crisis económica que tuvo nuestro país. Hoy es un pregonero poco creíble de lo que debe o no ser.