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El sueño a medias de Kevin Zapata

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ERP/Sullana/N.Peñaherrera. El primer amor de Kevin Robert Zapata Maldonado (20) fue la pelota de fútbol; pero desde su niñez, se trató de una relación obsesiva, tanto que una de las primeras cosas que aprendió fue a camuflarla.

Su madre, Patricia Maldonado Jiménez, trató de poner reglas: los encuentros impetuosos del chico con su ‘cuero’ se limitarían a todas las tardes de dos a cuatro.

Aún así, Kevin se las ingenió para arreglar su mochila escolar de tal forma que parecía cargar cuadernos, y de hecho así era. Pero éstos iban más comprimidos que sardina en lata para darle todo el espacio al esférico.

El acabose se armaba cuando Patricia descubría el ‘guardadito’, y el chico se quedaba castigado sin las citas vespertinas.

Patricia tuvo que aprender a aceptar esa relación. Su esposo Robert Zapata Arrunátegui había vivido una pasión similar antes de unírsele en matrimonio, y el abuelo del chiquillo, Mercedes Zapata, no tuvo empacho en mostrarle a Bellavista cuánto ama a la redonda.

En el colegio Santa Teresita de Jesús, Kevin tenía un ojo en la pizarra y el otro en la cancha de fuera. Apenas acababa la clase, no iba a pelotear: jugaba fútbol.

La nueva estrella

Su primer sueño fue pertenecer a una academia, pero pagarla era imposible para la familia. “Un primo me llevó a la de Ángel Barrios, y desde que entré, el ‘profe’ me apoyó”, recuerda.

Así, cuando menos lo pensó, el chico de 14 años fue promovido al combinado del estrella Roja de Sojo; aunque casi se queda en las divisiones menores del Sporting Cristal, en Lima, “pero mamá no quiso porque todavía estudiaba en el colegio”.

Sin embargo, el Estrella Roja tampoco estaba mal: “Ahí comencé a jugar primera división; ese año salimos campeones”, y, hasta ahora es su único campeonato.

Con ocho goles en total, Kevin estuvo en Sojo por dos temporadas: “Al inicio me sentía nervioso porque tenía miedo de malograrla. Cuando los muchachos me fueron dando su confianza, la gente comenzó a quererme y a estimarme; me adapté y decidí ser campeón”.

Además, fue la primera vez que comenzó a saborear ese otro elíxir que ofrece el deporte: la popularidad. “La gente se portaba bien. Hasta las chicas me llamaban para tomarse fotos conmigo”.

Tras esa experiencia, Kevin quedó libre, lo que llamó la atención de un vecino que lo fichó para el equipo barrial, el Milan, con el que hizo cinco goles en dos temporadas.

También fue la época que terminó el colegio, y decidió trabajar como mototaxista.

Alianza Atlético

Kevin combinó su trabajo con su pasión. Es 2014, y él ya tiene 20 años.

“Un día me tocó arreglar la mototaxi, y tuve en mis manos un periódico que decía que el Alianza Atlético (AA) de Sullana buscaba gente. Lo leí, me emocioné, pero no me presenté pensando que irían los de siempre”, relata.

Entonces un amigo lo animó a presentarse. Kevin aceptó, y quedaron a esperar una llamada, la que no llegó dentro del plazo acordado. Resignado, decidió concentrarse en su mototaxi.

El primer lunes de mayo pasado, su celular sonó, y alguien le urgió a presentarse en Querecotillo.

Apenas pateó la pelota, llamó la atención del seleccionador. “Quiero a este chico”, le dijo a sus asistentes.

A diferencia de otros candidatos que se lucían con fintas, Kevin Zapata fue a jugar fútbol. Pero no la tuvo fácil, pues debió pasar cuatro pruebas hasta que lo incorporaron al plantel.

Para el partido de presentación entre el AA y el Atlético Grau de Piura, a inicios de junio pasado, Kevin ya era uno de los titulares. “Luego, la directiva me dio a entender que me quería dentro del equipo”, sonríe.

Códigos y disciplina

Para Kevin, dos cosas son cristalinas: el fútbol es su propia vida; y al margen del tamaño del equipo, su compromiso es el mismo y su lealtad es inquebrantable.

Por eso, cuando entrena se esfuerza lo mismo que si fuera el partido real: “es una sacada de mugre”.

El día típico de este deportista comienza a las cuatro de la mañana cuando sale a correr por una hora, trabaja en la mototaxi hasta la una, almuerza y descansa hasta las tres, y se va a entrenar durante dos o tres horas (menos los lunes, cuando descansa); a las ocho o nueve de la noche, ya está durmiendo.

Cuando entrena, no se hace problemas en las sesiones de partido o de gimnasia pura: “La parte física me gusta mucho. Me gusta obedecer al profesor, porque si no, algo me saldrá mal”.

Dice no fumar, no beber, ni usar drogas; además, siempre procura tener su entusiasmo al máximo.

Preséntenme a Messi

Eventualmente, Kevin hubiese trabajado, jugado y estudiado. “Me hubiese gustado estudiar Farmacia, para ayudar a la gente recomendándole las medicinas que necesita”.

Otra de sus pasiones es leer… sobre fútbol. Su biblioteca personal incluye las historias de diversos equipos y biografías de los ídolos de este deporte.

“Soy hincha del Barcelona (de España) por su técnica de juego”. ¿Y de los nacionales? “¡Del Universitario!”.

¿Su pronóstico para la final de Brasil 2014? “Argentina”. ¿Por Messi? “Admiro a Messi, y contradigo a todo aquél que lo critica”.

. Y tanta es su admiración que, cuando La Pulga llegó el año pasado a Lima, hizo lo imposible por viajar a verlo, pero no pudo. “Mis tíos se reían porque me veían llorar”. ¿Llorar? “Sí, porque no fui a ver a Messi”.

Kevin mide 1,65 metros de estatura y es delgado. “En alguna ocasión llegué a pensar que el fútbol no era para mí, porque veía a los jugadores grandazos”. Entonces, entendió que a falta de altura, tenía mucha habilidad, confirmando eso de que las apariencias engañan.

Abuelo, madre y Dios

“Mi abuelo se emociona hasta las lágrimas cuando habla de mí”. De hecho, cuando empezó a jugar en serio, se convirtió en su mentor.

Pero también su padre y su madre lo apoyan, así como toda su familia. Kevin es segundo después de una mujer, y le siguen otras cuatro hermanas.

“Mi mamá va al estadio siempre; mi papá no puede ir por trabajo”.

Por supuesto, ahora este volante de creación en el AA ya no tiene que camuflar la pelota en su mochila, sino que hasta ha llegado a ser referido como ejemplo en su colegio, debido al tesón que le puso al fútbol.

“Sueño con ir a la Profesional. Por mí fuera, toda la vida sería fútbol”. Otra de sus ambiciones es jugar vistiendo la camiseta del Perú, en la Selección Nacional.

“Cuando salgo a la cancha, me siento emocionado, con parte de mi sueño ya cumplido”, sostiene.

Kevin también es famoso por un gesto muy peculiar cuando ya está en la cancha, a manera de contraseña, y cuyo significado es: su abuelo, su madre y Dios.

(Fotos: Cortesía Cristhian Campoverde. Comenta esta historia en Twitter como @elregionalpiura y @nelsonsullana)

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