Si te tranquilizas, puede que lo entiendas fácilmente

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Cuando confié una asesoría legal personal -no se alarmen: yo era la parte afectada- al joven abogado chulucanense Jhon Gómez, a quien le llevo más de una década en edad, uno de sus primeros consejos fue "no publiques nada". ¿Cómo? ¿Le pides a un periodista cuya mayor arma defensiva, y hasta ofensiva, es la capacidad de llegar al gran público, para que no la use? Pero Jhon tenía razón: no tenía que publicar nada... ¡Y funcionó!

Claro que lo entendí después de oír escépticamente un par de segundas opiniones más, totalmente coincidentes. Le hice caso al pie de la letra, y todo salió bien, jugando limpio en absoluto. La razón del abogado es básicamente un viejo adagio del arte de la guerra: la mejor arma es la que no se usa, y no usándola en absoluto, se puede vencer. ¡Wow! 

Aunque suena lógico a nivel intuitivo, hasta que no te pones a estudiar un poco de filosofía antigua tanto oriental como andina, no llegas a entenderlo en plenitud, y el secreto es bien simple: el poder que tienes ha de usarse con inteligencia.

Amargarte no debes, diría el cuy mágico.

Y no se trata del poder que tienes sino de la eficacia y eficiencia con que lo usas, o entiendes que no debes usarlo. Así pues, se da el caso que eres una especie de Gulliver en cuanto a tamaño pero puede que un solo liliputiense te deje fuera de combate, y muchas veces sin lanzar una sola piedra (que para las proporciones equivaldría a un grano de arena) al estilo David. 

¿Cómo que cuál Dabid? El de la Biblia, pues. Sigamos.

El problema surge cuando te llenas de soberbia por el tamaño que tienes, ya sea propio o actuando en alianza, y comienzas a golpear a lo primero que se mueva porque a todo lo inamistoso y/o incómodo lo consideras una amenaza. Y es cuando comienzas a perder estabilidad, y ya sabemos qué pasa cuando éso sucede. ¡Cataplum!

Otro consejo que me dio otro abogado amigo mío, Luis Correa, es que cuando se trata de que la razón venza, la emoción está de sobra. Dicho en corto, la razón brilla sola. 

Claro que habrá quienes quieran opacarla, pero no sabes cómo ni dónde su luz se abre paso, revelando las cosas no como las pretendes presentar sino como son realmente. Y, a diferencia de lo que nos vende el cine, en el Derecho no hay emociones sino razones, y se vence con ellas.

El uso inteligente del poder está fundamentado en la hegemonía de la razón, no de la emoción. La razón tiende a ser sólida mientras que la emoción es más bien gaseosa, casi plasmática: dura lo que dura el destello, pero cuando acaba, acaba. La razón, en cambio, no es un destello, sino algo firme en lo que puedes aferrarte con seguridad.

Hemos asistido en las últimas dos semanas a un enorme despliegue de poder de aquí, de allá y de acullá. en algunos casos parecía un sismo seguido de tsunami, en algunos casos parecía un lento e inminente deslizamiento, en algunos casos un incendio. Pero, ¿qué hay al final de tanto despliegue, de tanta ostentación? Básicamente, perdedores; muchos harto magullados.

Pero en su soberbia, aún creerán que han vencido o que están por vencer; y como su emoción desborda su razón, querrán contagiarla compulsivamente a quienes les creen o les siguen, y a quienes no también. Y aunque el tsunami les esté ahogando, seguirán creyendo que han vencido, que están venciendo o que vencerán. Claro que no sería problema si se limitaran a una visión personal, pero no: tenemos que asumirla lo queramos o no, y ahí está el error.

Dentro de poco habrá cambios en la política vecinal. Me pregunto cuánta apertura de criterio tendrán esos nuevos y no tan nuevos protaghonistas para darse cuenta de esta lección: no importa cómo consigas tu poder, lo que importa es cómo lo usas, y cuán preparado o preparada estás para asumir sus consecuencias, sean positivas o negativas. Y entendiendo que la única persona responsable por esas consecuencias eres tú, no el resto porque el resto no vive tu vida... aunque en la práctica, a veces confundimos espacios.

No es que el ppoder sea malo. Entendámoslo: el poder es algo abstracto, inerte, que solo cobra vida cuando lo empleas para bien o para mal, o simplemente no lo empleas.

Lástima que en el mundo occidental en que vivimos, seguimos creyendo que mientras más lo ostentes, más ganas. No, la experiencia demuestra lo opuesto meridianamente. A éso se llama sabiduría. Simple de decirlo, profundo de entenderlo.

Como dije al inicio, Jhon y Lucho tenían razón: el mejor poder es el que no se usa pero logra objetivos, y éso solo se logra cuando la razón es tu piedra de toque.

Me pregunto si quien parece estar detrás de toda esta conmoción nacional lo entiende como nadie. Sí, ése del que nadie está hablando y pasa piola. Sí, ése mismo. Parece que el verdadero titirittero, dueño de un voluminoso ego, es justo él.

Pónganlo al descubierto y apuesto que verán cómo nos estamos dejando manipular tontamente. ¡Éso es usar el poder de modo inteligente!

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