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¿La independencia económica corta el círculo de la violencia?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Hace poco el Colegio de Ingenieros del Perú (CIP) lanzó un concurso en el que buscaba destacar el aporte de sus agremiadas al desarrollo de esa profesión, lo que es parte de una campaña impulsada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec) para que más niñas y mujeres se hagan científicas; además este año, el Día de la Mujer busca que reflexionemos sobre la independencia económica para romper el círculode la violencia.

Sobre el concurso del CIP, cabe indicar que una de las tres finalistas ha sido la ingeniera Bertha Cecilia García Cienfuegos, catedrática de la Universidad Nacional de Tumbes y activa promotora del empoderamiento femenino, según pude seguirla por la red; en tanto, Concytec ha organizado varias actividades en Lima para hacer visible el aporte de la mujer en la ciencia, y animar a que más niñas se interesen en este mundo. ¿Tiene esto alguna conexión con la idea de reflexionar sobre la independencia económica de la mujer como una forma de romper con el círculo de la violencia?

[Revisa el perfil de Bertha Cecilia García: https://tinyurl.com/udgxnby ]

Yo siento que ambas campañas son las partes de un todo; pero mejor vamos desmenuzándolas para ver en qué terreno nos estamos metiendo. Y comenzaremos por lo último.

La independencia económica consiste en la capacidad que una persona tiene para generar sus propios recursos que satisfagan todas sus necesidades, comenzando por las básicas, y en el proceso de ir cubriendo cada una de ellas, es capaz de sostener a su familia, si la tuviese.

Cuando hablamos de recursos, estamos incluyendo el dinero; pero pensemos en comunidades donde probablemente éste no sea el bien de cambio, sino que aún se use el trueque, así que si una persona puede producir algo que pueda brindar y recibir otro tanto a cambio, entra perfectamente en este concepto.

Esta función proveedora ha sido tradicionalmente asignada al varón, al punto que muchos todavía se creen ésa de que él es el único quien puede salir a la calle a buscar el sustento de la casa, y ese estereotipo ha sido terreno fértil para que se desarrolle una forma de violencia que se ha mantenido invisible por décadas, la económica.

Cuando en la relación de pareja, especialmente si ya existe convivencia, comienzan a presentarse episodios violentos y una de las partes (mayormente la mujer o a quien se asocie con el lado femenino) cree que la mejor manera de cortar por lo sano es alejándose, la otra parte (la que provee) somete la continuidad de la relación al chantaje de que si el alejamiento se concreta, habrá carencia de recursos para subsistir.

Ejemplo clásico: “Si tú te vas de esta casa, te morirás de hambre porque no sabes hacer nada, no tienes nada porque yo te doy todo; así que haz la prueba y vete, pero ya quiero verte cuando te quedes sin plata, a ver quie´n va a darte”. Listo. Y así es cómo terminamos reduciendo una relación de pareja a una simple transacción comercial: si te quedas, te doy; si no te quedas, no te doy. Chantaje, ya lo dije.

Entonces, si la premisa del abusador es la suspensión del suministro de recursos en caso la otra parte quiera cortar la relación, la solución es que la parte que quiere alejarse tenga un ‘colchón’ de recursos que le permita irse y mantenerse sin depender de nadie. Y aquí es donde se habla de empoderar a la parte más afectada, mayormente las mujeres, en la generación de sus propios empleos o emprendimientos.

¿esto resuelve el tema de la violencia? En parte. En realidad resuelve la falta de recursos materiales, el aspecto económico, pero no resuelve toda la agresión en sí. En la experiencia práctica, estamos dándonos cuenta que, como todos los tipos de discriminación y en tanto un tipo de discriminación, la violencia de género no viene en estado puro.

Aunque no tengo una estadística a mano, así que ruego se me tome en sentido meramente hipotético, la violencia económica suele venir mezclada mayormente con la violencia psicológica, la que no deja huellas en el cuerpo pero si en la mente y el alma de la víctima, como crear sentimientos de infravaloración (“”no sirves para nada”), bajo autoestima (“es mi culpa que me traten así”), o construir relaciones verticales con la pareja (“yo mando aquí, así que tú solo me obedeces sin contradecirme”).

Sin embargo, los casos que han terminado en feminicidio nos pintan un cuadro mucho peor. La gente alrededor de la víctima suele manifestar que además de la violencia física, la que suele dejar huellas en el cuerpo (golpes, bofetadas, cortes, etc.), hubo episodios de violencia psicológica. Algunas sobrevivientes dicen que también se combinó la violencia sexual (les recuerdo que el sometimiento carnal de una de las partes en la relación sin tomar en cuenta su voluntad, también es violencia).

Dicho ésto, ¿la independencia económica es la solución que rompe por completo el círculo de la violencia? Definitivamente, no. Necesita acompañarse de toda una estrategia de empoderamiento que sane cada dimensión de la víctima, y ahí es donde la educación juega un rol crítico y urgente, siempre que esa educación tenga perspectiva de género (o enfoque de igualdad de oportunidades, si prefieren llamarlo así), y que dentro de ella, no existan sexos privilegiados ni preconcebidos para desarrollar un tipo de actividad en particular; pero que también se envíe el mensaje fuerte a varones y mujeres que esta actitud no es un privilegio para nadie, sino un acto de justicia para todo el mundo.

Y aquí también es donde entra el acceso de la niña y la mujer no solo al conocimiento científico; también a la innovación científica, en la que ella sea una protagonista y no una mera espectadora.

Quiero recordarles que todas las personas, por el solo hecho de ser personas, tenemos uno o más talentos; y éstos no han sido distribuidos por cuotas ni nada por el estilo: están allí dentro nuestro esperando que los descubramos, los desarrollemos y los pongamos al servicio de todo el mundo. Parándonos en este punto, podemos inferir que el tema no es ni de solo varones ni de solo mujeres, sino de todos y todas.

Pero, si en el esquema educativo en el que nos movemos existen evidentes prerrogativas que generan desigualdad, hay que corregir el problema y dejar el piso plano para que todo el mundo se sienta con derecho a brillar.

Quizás esto es lo que habría de complementarse al esfuerzo de independizar económicamente a las víctimas de violencia de género, que me parece algo formidable, pero que si solo lo reducimos a que la víctima tenga plata para que no ceda al chantaje del victimario, no será suficiente, porque muchas veces en las relaciones tóxicas, el victimario es hábil para hacerle creer a la víctima que, incluso teniendo la vida resuelta, no vale nada, y es cuando el círculo de la violencia se reactiva.

Para entender mi punto, quizás esta escena de la telenovela colomboestadounidense “Victoria” (Telemundo/Caracol/RTI, 2007-2008) pueda graficarlo mejor. Advierto que el contenido es fuerte, pero vale la pena apreciarlo: https://tinyurl.com/vt75tre

En resumidas cuentas: empoderar el bolsillo, el corazón, la mente, el alma, y hasta el cuerpo, por qué no. Me parece que esa actitud también serviría para prevenir una mala elección a la hora en que la gente decida tener una pareja. Confieso que mirando a la generación que viene detrás nuestro, y revisando la estadística nacional (que incluye la desidia de nuestros operadores de justicia), me inquieta demasiado, especialmente ahora que los agresores están eligiendo a las niñas como sus víctimas, y a la vez que éstos comienzan a agredir desde la temprana adolescencia.

Aunque, también me parece que lo de los promotores del Día de la Mujer es una iniciativa interesante no solo para respaldar sino para trabajar de manera coordinada. El descenso y el fin de la violencia ya dejó de ser una responsabilidad que compete exclusivamente al gobierno o las autoridades; es un deber general, del que, si nos restamos, seremos las próximas víctimas. Y no es chantaje, por si acaso.

En ese sentido, tanto la campaña de Concytec como la del CIP merecen una felicitación pública, pero también merecen que les demos mayor luz para que la gente entienda que ignorar el talento es ofensivo, injusto, inhumano e inaceptable. Hace rato que debimos cambiar de actitud. Definitivamente, hace rato…
Ah, y si alguien se quedó con ganas de “novelear” más, aquí viene un capítulo completo relacionado: https://tinyurl.com/wvhfu3e

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nelson pc columnista

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