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PRER, la carrera profesional que se hará tendencia

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Muchas personas estamos gratamente sorprendidas por la manera cómo el presidente Martín Vizcarra está administrando la crisis causada por el Covid-19, la nueva cepa de coronavirus, al punto que todo parece estar bajo control. Parece. Bueno, el hecho es que todas las decisiones y protocolos que se están siguiendo no son creación ni de Vizcarra, ni del Consejo de Ministros, ni del equipo prospectivo, ni los asesores, ni chamanes, ni gurúes.

En 2012 se emitió la Ley 29664 que instruye cómo manejar y prevenir los escenarios de riesgo a nivel nacional; además, crea el Centro Nacional para la Prevención, Estimación y Reducción del Riesgo de Desastres, Cenepred, que depende de la Presidencia del Consejo de Ministros, PCM, que además administra el Instituto Nacional de Defensa Civil, Indeci. Esas tres organizaciones tienen planes de contingencia, depósitos llenos de ayuda, y dinero que viene de diferentes programas sociales que se ahorra para casos de emergencia.

Y no es que esté desmereciendo a Vizcarra; al contrario: para buena suerte nuestra, el Perú ya había tomado la precaución de diseñar una hoja de ruta, y lo que el presidente está haciendo ahora es seguirla. Eso en castellano común se llama previsión, el acto de adelantarse a los hechos, habilidad que no hemos interiorizado a juzgar por nuestra actitud temeraria a la hora de medir futuros riesgos, actitud que termina haciéndose insoportablemente pedigüeña cuando nos descubrimos en medio de ellos.

“Hace ocho años que el Perú viene preparándose para diferentes tipos de desastres”, subrayó uno de mis seguidores mientras me explicaba este dato. El asunto, y aquí viene la aparente sensación de desorden y desconcierto, es que el Cenepred se activa siempre que los gobiernos regionales y municipales lo soliciten. Mi fuente me aseguró que en lo que va de la crisis, ninguno de ellos se ha manifestado, ni menos ha consultado cómo actuar. Y cuando hablo de actuar, no quiero decir que pretenda lucir como soldado con uniforme y todo cuando soy alcalde (una autoridad civil).

Eso explicaría por qué todo el mundo tiene la impresión que Vizcarra y su equipo son los héroes de la película, mientras que nuestras autoridades más cercanas están quedando como las más incapaces jamás elegidas. Bueno, también, ¿no? Conversando por una posible razón para que los gobiernos regionales y municipales no hayan invocado al Cenepred, mi fuente dijo que la respuesta es simple: lo ignoran mayormente. Confieso que a mí también se me había escapado este detalle, pero… no soy autoridad.

Por cada temblor, una nueva institución

Solo para hacer historia, Cenepred se creó tras el fiasco que significó el Fondo para la Reconstrucción del Sur, el controvertido Forsur, fundado luego del terremoto de Pisco, ocurrido el 15 de agosto de 2007 y que dejó 550 fallecidos; y tal parece que nos tienen que remecer el suelo para que sacudamos nuestras neuronas; si no, retrocedamos un poquito más.

El 30 de mayo de 1970 ocurrió el terrible terremoto que desapareció del mapa a Yungay, Áncash, y dejó cerca de 70 mil muertos según el conteo oficial. Como consecuencia, el Gobierno Militar creó el Indeci (que entonces era el Sistema Nacional de Defensa Civil). Y desde esa época se estableció como doctrina que la máxima autoridad municipal, departamental (ahora regional) o nacional se convierte en jefe de cada sistema de Defensa Civil de acuerdo a la extensión geográfica de la emergencia. Eso fue en 1972.

Y como toda regla tiene su excepción, el Observatorio Vulcanológico del Sur, OVS, dependiente del Instituto Geofísico del Perú, es un ejemplo de gestión que valdría la pena estudiar y replicar. Posee páginas de páginas con mapas de riesgo y protocolos de actuación en caso algún volcán entre Arequipa y Tacna se le ocurra hacer alguna ‘travesura’; a los más activos los tienen bajo vigilancia 24/7 (la que incluso puede seguirse en tiempo real mediante un sitio web de acceso abierto) y constantemente moviliza a las autoridades locales mediante simulacros y planes de contingencia que actualmente se usan en los procesos eruptivos del Sabancaya y el Ubinas.

En este punto, esta semana soñaba con un Centro de Alerta El Niño ubicado en Paita, tal como existe el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico en las islas Hawaii, o el Centro de Alerta de Huracanes en la Florida, ambos en Estados Unidos. La primera entidad es el referente de la cuenca Asia-Pacífico cuando un temblor con magnitud igual o mayor a 7,0 se produce y puede causar problemas en nuestras costas, mientras que el segundo es la fuente obligatoria de información todos los veranos australes (cuando acá es invierno) a lo largo de todo el Atlántico y el Caribe. Nuestro Centro de Alerta podría ser de alcance mundial porque El Niño tiene impacto en todo el planeta, y la razón de por qué Paita se debe a que justo allí cerca se cruzan las dos grandes masas de agua fría y caliente de nuestro enorme mar. A ver si deja de ser un sueño. Sigamos.

Entonces si nuestro protocolo marco acumula casi medio siglo de existencia y el más específico se va por la primera década de vida, ¿por qué los gobernadores regionales y los alcaldes sufren de colapso nervioso con subsecuente ‘rigor morbidus’ cada vez que deben gestionar un desastre para prevenirlo o mitigarlo? Respuesta rápida: mucho ego, poca neurona.

Más que adivinar, se trata de prever

Y ése es el eterno error peruano: un sistema mayormente reactivo antes que proactivo debido a que no sabe leer el pasado al punto que llega a convencerse que nunca más sucederá, pero tampoco sabe adelantarse al futuro y las múltiples posibilidades que representa, incluso las más descabelladas. Miren la crisis creada por la pandemia del Covid-19. Usualmente hemos convivido con enfermedades en progreso, pero ninguna nos paralizó por completo como país, aparte de mantenernos encerrados en casa por mes y medio.

Pero, como toda crisis representa una oportunidad, éste es el momento en que debería subir sus bonos una carrera que no sé si exista, y si no existe, la creamos en esta columna: la Planificación de Respuestas para Escenarios de Riesgo, o PRER, que como su nombre lo dice, se encarga de idear al milímetro de qué manera se mitiga, evita y administra.

Todo lo malo que pueda ocurrir por situaciones adversas ponderables e imponderables.

El o la profesional PRER, un o una ‘prerista’, tiene que ser una persona con una visión amplísima, pero también una habilidad docente para explicarle didácticamente a todo el mundo, en especial a las autoridades (que ya vimos que jalaron Coquito) sobre qué podría pasar si no se actúa y cómo actuar para que pase con el menor o nulo daño que sea posible. No es la persona que evade un gato negro o elude pasar bajo una escalera, sino que es capaz de anticipar cómo reaccionará el gato y tiene la escalera a mano por si haya que rescatarlo.

Pero no todo se queda en la visión y la didáctica. Tiene que ser una persona a quien no le aburra investigar en la realidad del territorio que le toca atender (sí, conocimientos en geografía, historia, estadística, sociología y psicología son apenas parte del perfil) y escribirlo todo de manera compulsivamente secuencial. Definitivamente si nunca aprendiste a hacer diagramas de flujo, no funcionarás para esta carrera.

Y aquí viene lo mejor del PRER. No será una carrera clave únicamente en la gestión pública, donde las decisiones de una autoridad –en teoría—influyen sobre la vida de miles o millones de personas; también tendrá que ser requerido por el sector privado con y sin fines de lucro, tanto para garantizar si una inversión enfrenta peligros potenciales inadvertidos, así como para evaluar si los proyectos de desarrollo realmente van a desarrollar algo o serán otro despilfarro de fondos solo para darle trabajo a un puñado de gente.

Y más allá aún, tomando el nuevo paradigma del peruano, lanzado por el presidente Vizcarra (y que por años hemos ido desarrollando en esta y otras columnas), tiene que ser una persona con mucha empatía y creatividad para fomentar el espíritu solidario entre pares y dispares. Sí, tiene que ser un líder o una lideresa de amplio reconocimiento en la comunidad, pero también ser uno o una más entre todas las personas.

Si ves que tu perfil se adecúa a éste que describo, anda preparándote porque vas a ser requerido o requerida en el corto plazo. Si me lees desde una universidad, instituto, escuela o parecido, anda considerando lanzar este curso, que mezcla humanismo y ciencia, trabajo duro y pedagogía, comunicabilidad y capacidad de reflexión.

Como le dije a un colega, el futuro de muchas profesiones, incluyendo la mía, es que van a evolucionar a nuevas configuraciones que no son lo que solíamos conocer, y ése es un signo de los tiempos. Todo cambia, y esta crisis nos lo está subrayando y resaltando con amarillo fosforescente a cada hora, cada minuto, cada segundo, y exige una respuesta de nuestra parte. No darla sería cometer suicidio… u otro genocidio.

Y hablando de colegas, te dejo mi tutorial para cubrir noticias durante desastres naturales, que bien podrías adaptar a esta crisis:

https://nelsonsullana.blogspot.com/2019/05/como-debes-informar-en-caso-de.html

nelson pc columnista

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