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Dom, Ene

Agosto, mes de vientos y de cometas

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. La infancia resulta dulce y llena de buenos recuerdos, cuando desde los primeros años de vida se asoman momentos cargados de emoción, y asociados a lo que corresponde a esos años, los primeros, entre la niñez, y el comienzo de la adolescencia, que se impregnan para siempre en las retinas y neuronas de sus protagonistas.

Por Miguel Arturo Seminario Ojeda

Presidente Honorario de la Asociación Cultural Tallán

Agosto siempre es un mes bien esperado en el hemisferio sur, los vientos son parte de estos 31 días, y resultan bien esperados, para cubrirlos de los coloridos matices que se combinan naturalmente, y en el mundo de las cometas. Y también, mientras más al sur se está, se sabe que terminando agosto, empieza a terminarse el implacable invierno que azota a quienes no soportan el frío.

Donde actualmente es la urbanización Sullana, y parte de Sánchez Cerro, antes de 1966, había un extenso campo libre, donde los niños y adolescentes, acompañados de los adultos salían a volar cometas, en esa Sullana que mantenía el gran sabor de esas poblaciones tradicionales que se negaban a enlazarse con la modernidad, en ese mundo se salía a hacer volar las cometas.

Había quienes las fabricaban en sus casas, y otros que las mandaban a hacer, o las adquirían a los vendedores que las ofrecían en escasos lugares. Las cometas tenían formas artísticas, unas magistralmente hechas en forma de aviones, otras parecían grandes mariposas que se aprestaban a volar desafiando al infinito y a la ley de la gravedad, y otras, reflejaban las formas caprichosas que se les ocurría a los niños o a sus padres.

Ni bien se calculaba la hora del lonche, y aún, un poco más temprano, nos alistábamos para ir al vuelo de las cometas, que algunos hacían volar en sus propios barrios. Cada año, César Columbus Palomino tenía una nueva, nunca supe que se hacía con la que se descartaba, o a donde iba a terminar el armazón de carrizo sobre el que se pegaban los papeles multicolores con engrudo de harina.

Cada cometa tenía incorporada en su estructura, una especie de cerquillo que al movimiento del viento, y al tomar altura, sonaba como un roncador generando un zumbido muy particular, y creo que al alcanzar mayor altura, el zumbido era más fuerte que el que salía de los enjambres de churumbos, de moscones negros, y de abejas que pululaban por la vieja Sullana.

Mientras cada uno de los asistentes se esmeraba para que su cometa alcanzara más distancia y mayor altura, tiempos idos y bien guardados en la memoria de cuantos disfrutamos de esos espectáculos, en el mes de la más baja temperatura en el hemisferio sur, experiencia que no percibíamos los que estábamos inmersos en ese espectáculo de nunca acabarse.

Hoy los niños se divierten de otras maneras, un gran porcentaje prefiere los juegos virtuales, y no han visto volar cometas, y quizá, lo hacen imaginariamente, frente a la pantalla de un computador. Tiempos tan añorados, de la Sullana que se fue, tiempos de estos juegos de niños y no de niñas, que solo se limitaban a mirar el vuelo, si las llevaban sus progenitores. Era indudablemente un mundo machista del que la sociedad hoy no termina de sacudirse totalmente.

iglesia matriz sullana antigua

Diario El Regional de Piura

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