Marihuana en la escuela

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. La semana pasada publiqué un comentario que le gustó a muchas personas (se agradece) sobre la nueva política de la Dirección Regional de Educación de Piura (DREP) respecto a escuelas en zonas de riesgo social, y la extraña focalización que se hizo al respecto.

Hubo una referencia puntual al caso de un chico a quien se le habría descubierto marihuana en el colegio.

Ayer leí una historia similar de otro adolescente a quien también se le habría descubierto la misma droga entre sus pertenencias, y, según leí, incluso habrían fotos suyas posando al costado de una de estas plantas.

Alucino (sin necesidad de fumar nada, porque no fumo) que tanta habría sido su ufanía, que le faltaba nada para repartir trípticos con un mapita detallado que nos lleve a la plantación, y hasta merchandising incluído.

¡Cannabis del Chira, brother! Sigamos.

Precisamente, esa presunta ufanía es el meollo de todo este caso.

Ufanarse en castellano es franelearse a uno mismo, echarse flores, creerse. Palabra familiar: vanagloriarse.

¿Qué sucede cuando una persona se vanagloria de actuar con ilegalidad? (Metámonos en este terreno, que si hablamos de moralidad, todos salimos perdiendo).

Definitivamente, algo muy malo pasa por su cabeza.

Especialistas en salud mental podrían diagnosticar la condición con mucha mayor competencia y precisión, pero sospecho que si este muchacho hizo lo que hizo, podríamos estar ante un caso de psicopatía.

Mi psiquiatra insiste (cada cinco minutos, así que ya me lo aprendí) que una persona psicópata, a diferencia del estereotipo que mucha gente tiene, suele ser la más atractiva y/o carismática y/o buena gente del lugar, pero éste es apenas un disfraz.

En realidad, su mente está más allá del bien y del mal (¡ojo cuando escuchen a alguien declarando esto!), que le da lo mismo día o noche, vida o muerte, orden o anarquía.

Lo que le importa es sobrevivir o imponerse sin tener en cuenta si con esa actuación afecta a terceros.

Cualquier parecido con los patas y las chicas de los programas de seis de la tarde no es pura coincidencia. Igual con quienes los alcahuetean, les montan espectáculo y hasta le abren las puertas de ciertas instituciones ¿educativas?

Ahora bien, ¿qué pasó con este nuevo caso de marihuana-en-escuela? Advierto que voy a hipotetizar, pero, basado en la experiencia del artículo que te decía arriba, puede que la chunte.

Hago el Disclaimer por si algún tuitero se arañe, como el pata de Lima que no estaba en Lima pero que quiso hacer la tarde conmigo por mi opinión (¡opinión!) sobre Ayabaca. A ver, regresemos.

Para comenzar, si este chico no tuviera conocimiento de que cultivar y portar marihuana en una escuela es una falta grave es porque la labor de orientación falló largamente.

Obvio, nadie le ha indicado el problema en el que se podía meter, y ahí tenemos las consecuencias. Todo originado por un error de casa, escuela y círculos sociales.

OK, OK. También los medios con mensajes no tan subliminales haciéndole apología a la marihuana, desde la música hasta ciertos programas que pudo haber consumido sin la orientación parental adecuada. Pero, mira que regresamos a esa palabra: orientación.

El otro aspecto que pudo haber fallado es el tamizaje preventivo de salud mental. Según entiendo, sí hay pruebas psicológicas que permiten detectar estas condiciones, no para segregar ni verles con miedo, sino para iniciar el procedimiento terapéutico especializado que evitara el descontrol de la conducta, que es el caso que estamos tratando.

Finalmente, una cierta responsabilidad compartida por toda la comunidad –sí, tú que lees también- pues nos hemos relajado en poner los riesgos de la drogadicción como un tema de agenda permanente, insisto, no por un enfoque moral, sino legal, pues así se visualiza mejor cómo debemos comportarnos correctamente en sociedad.

Y con el cuento de que a-mí-no-me-toca, también estamos relajándonos en otros temas como el amor propio, la violencia, la educación sexual o la necesidad de precaver para el futuro.

En todos los escenarios, los adultos y las adultas tenemos mucho que ver, pues nuestra acción negativa o nuestra omisión a actuar está creando individuos como este chico –que tampoco es tan pobrecito, por si acaso- que tiene la ufanía de retratarse con su plantita de marihuana, que tiene la ufanía de llevarla a la escuela, y que, si no se le advierte y orienta, podría tener la ufanía de contar una historia donde él sería el héroe.

Sí, tú y yo hemos ayudado a engendrarlo. Tú y yo podemos corregirlo, de manera inteligente. Hagámoslo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)