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Coronavirus en Piura: ¿qué sabemos sobre la conexión Guayaquil?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Chulucanas era uno de los pocos distritos que hasta hace un mes respiraba tranquilo pero en alerta debido a la inexistencia de casos confirmados por Covid-19; la noche del 9 de abril, un dato filtrado desde uno de los establecimientos de salud había dejado sin aliento a varias personas: un hombre en sus sesentas había sido llevado a uno de los nosocomios y presentaba síntomas de la infección.

Un día y medio después, una prueba confirmaba preliminarmente las sospechas. La alerta se convirtió en alarma. Mientras el temor comenzaba a diseminarse, alguien hizo la investigación epidemiológica, y al revisar los contactos del que parecía ser el paciente cero, notó que entre quienes dieron positivo estaba el nieto en sus veintes. Adicionalmente, estaban infectados algunos contactos cercanos. Entonces, el paciente cero no era el paciente cero, así que… ¿quién contagió a quién?

Para quienes crean que el personal de salud especializado en epidemiología solo sabe poner el estetoscopio, lamento informarles que están equivocados de plano. Ésta es una de las disciplinas apasionantes de la medicina humana puesto que su trabajo es el mismo de un detective policial o un forense: no le basta saber si te contagiaste o no, tratará de establecer la causa, llegar hasta el mero principio, conocer y predecir al intruso, ponerlo en vitrina para que todo el mundo lo identifique si se manifiesta ahora o en el futuro… bueno, al menos en teoría.

Y eso pasó en Chulucanas. Con los diagnósticos en la mano, vino el interrogatorio. Los otros casos positivos no habían tenido más contacto que con el presunto paciente cero. No había más que desmadejar ahí. Pero la sorpresa se dio cuando conversaron con el nieto. Eventualmente admitió que había estado en Guayaquil, Ecuador, y que había regresado clandestinamente a la localidad. El asunto es que, aparentemente, no había desarrollado síntomas y eso no había levantado sospecha alguna. ¡Eureka!

Y aparentemente éste fue el foco que desató el brote en Chulucanas. Fuentes aseguran que hubo otros dos casos cero, personas que habían regresado desde Japón pero que se sometieron a despistaje y apenas les dieron el positivo se encerraron en su casa y se sometieron a control periódico.

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Entonces, las cosas comenzaron a tomar lógica. Como el ahora paciente cero posee una red de amistades que mayormente tenían una relación con el mercado de abastos de Chulucanas, eso explicaba por qué habían varios comerciantes infectados. En este momento la pregunta que se hacen es por qué también hubo mucho personal de salud (un técnico de enfermería falleció) y especialmente policías.

Preliminarmente se podría pensar en contactos de contactos del paciente cero y en su propio estilo de vida que, a decir de quienes tienen una noción sobre él, podría calificarse como bohemio; pero un dato que no se ha investigado a fondo es qué hay respecto a una supuesta reunión a puertas cerradas (trago incluido) efectuada a inicios de abril. Si este dato es cierto, y los tiempos de incubación son consistentes, tendríamos ubicado al espacio físico. Pero lo que sí está claro es que este joven quien vino subrepticiamente desde Ecuador habría originado una de las cadenas de contagio. Al 9 de mayo, el distrito de Chulucanas, donde viven 82 mil 521 personas, tiene 220 casos confirmados.

Farra letal

Para nadie es secreto lo despiadado que golpeó el Covid-19 a la ciudad más importante del país vecino. No hay espacio ni para enfermos ni para fallecidos, durante buen tiempo no se pudo determinar la causa de muerte de esos fallecidos, y muchos de ellos finaban en las calles fuera de sus casas y eran enterrados incluso dentro de los jardines de las mismas.

De primera mano las autoridades ecuatorianas responsabilizaron a los y las jóvenes, quienes lejos de guardar la cuarentena local, se volcaron a gozar la vida loca en el primer antro que estuviese abierto. La imagen de civismo que por dos siglos había vendido la tierra del equinoccio se desintegró en cuestión de una semana.

Al 7 de mayo, las autoridades locales estimaron que la tercera parte del Gran Guayaquil, el área metropolitana más grande del Ecuador donde viven 2,99 millones de personas, podría estar infectada por Covid-19. Para entender cuán grande es esa urbe, digamos que si su población se desvaneciera un día, podríamos acomodar a toda la gente de los departamentos de Piura y Tumbes, y aún tenemos espacio para un millón de personas más.

A pesar que el costo de vida ecuatoriano es el doble que el peruano desde que su moneda es el dólar estadounidense, la plaza seguía siendo altamente atractiva para nuestro turismo más ‘chibolo’ (especialmente el que accede a un nivel de vida superior al promedio), que buscaba escapar a tanta restricción en su propio territorio. Y es que lejos del control parental y nacional, lo último que uno termina midiendo son los riesgos, hasta que ya no hay camino de retorno.

Contención infructuosa: ¿hubo contrabando?

En Lima están analizando independientemente cómo Piura se ha infectado. Oficialmente, los primeros casos, tanto el de Mallares (Marcavelica) como los de Las Lomas, apuntan a personas quienes llegaron desde Europa sin síntomas y generaron los contagios; pero una vez que se declaró el estado de emergencia, el 15 de marzo, la teoría diría que al guardar la cuarentena los casos pudieron crecer un poco hacia inicios de abril y luego ir curva abajo; pero está pasando todo lo contrario.

Si todo estaba cerrado, ¿cómo se metió el bicho? Un grupo de científicos universitarios en la capital peruana está siguiendo una línea de investigación que conecta a Piura con Guayaquil, y mucho antes de que la crisis sanitaria en la capital de la provincia del Guayas se desbordara.

Recordemos que el sellado de las frontera se ordenó durante la primera semana de abril, y solo cuando habitantes de la zona rural del distrito tumbesino de Aguas Verdes y el sullanero de Lancones comenzaron a compartir información de que inmigrantes ilegales peruanos, ecuatorianos y venezolanos (y uno que otro colombiano) estaban aprovechando la escasa vigilancia en pases fronterizos informales para meterse a Perú.

Por supuesto que una vez sellada la frontera nadie entra y nadie sale; pero, ¿y los que lograron ingresar antes del sellado? Los casos comenzaron a dispararse en Piura luego de la Semana Santa, mejor dicho una semana después de la Semana Santa, tras el primer positivo en Chulucanas. Si sabemos que el virus actúa en los primeros catorce días de haber sido adquirido, aquí hay una interesante hipótesis de trabajo que la epidemiología tendrá que devanar en la medida de lo posible.

Una lógica primaria podría apuntar a las aglomeraciones en sitios públicos, pero parece ser la respuesta fácil porque eso solo explicaría el contagio comunitario. El virus en Piura no apareció espontáneamente, vino de alguna parte, y si ya tenías contenido al grupo portador, ¿cómo es que se te disparaba la cifra?

Otra hipótesis es que el virus viniera de Lima, pero se supone que si el tránsito interprovincial está suspendido (sin descartar uno que otro polizonte), un número menor de casos podría hacer relativamente más manejable tu crisis sanitaria. Y este último dato parece explicar por qué hay muchos casos positivos entre comerciantes de todos los mercados desde Piura hasta Lima; pero la investigación epidemiológica tendrá que ofrecernos respuestas claras tan pronto las tenga y las pueda compartir.

¿Pudimos prevenirlo?

Para nadie es un secreto que las fronteras internacionales de Tumbes y Piura son altamente porosas debido a que la línea corre mayormente sobre tierra firme. Extiendes la pierna y puedes estar en Perú o Ecuador en cuestión de segundos. Si querías ser más sofisticado y cruzar por un río lejos del ojo de las autoridades, el clima jugó a favor: este verano no llovió fuerte, por lo tanto las corrientes no han crecido mucho. Las chacras en el borde internacional habrían hecho el resto.

Ojo que el primer caso en Ecuador apareció casi un mes antes que el primer caso peruano, aunque ambos no están primariamente conectados, es decir no hay una posibilidad razonable de que la paciente cero ecuatoriana haya contagiado al paciente cero peruano, pero sí es cierto que ambos estuvieron en Europa antes de ingresar a sus respectivos países.

Como dije, la epidemiología ya nos dirá anatómicamente cómo es que los brotes piuranos se movieron, pero si se confirma la conexión Guayaquil, esto debe servirnos de experiencia para que apenas haya un caso a cualquier lado de la frontera, de inmediato se extienda un cerco epidemiológico, que tampoco es cosa del otro jueves porque lo hemos realizado exitosamente contra el HLB (la enfermedad de los limones) o el dengue. Dicho sea de paso, las relaciones bilaterales están en un momento formidable, así que establecer un protocolo es posible.

La idea de considerar esta conexión epidemiológica no es culpar a Ecuador, no nos confundamos; la idea es conocer mejor cómo nos movemos realmente para que las autoridades tengan mejores herramientas que salven nuestras vidas… en teoría, digo, porque en términos de salud pública, ya no basta si existe la medicina, si hay cama disponible o si hay especialista capacitado; también tiene que ver con el compromiso nuestro como población para que el virus deje de dispersarse.

[Opina en mi cuenta de Twitter @nelsonsullana usando el hashtag #columnaNelson]

Diario El Regional de Piura