Un plato combinado de arepas y anticuchos

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Hace tiempo que tengo entre mis pendientes escribir sobre algunas de las personas que han tenido que escapar, ya no migrar, de Venezuela debido a la crisis política causada por Nicolás Maduro y que están hallando un nuevo hogar en el Perú, país hermano no solo por la vecindad sudamericana sino porque fue un venezolano quien selló la emancipación del continente en nuestro país.

Al menos uno de los consensos familiares es guardar mucha empatía y condolernos por la situación que viven los venezolanos dentro y fuera de su territorio, en parte por una reciprocidad directa: uno de mis tíos migró a Carabobo durante el auge del petróleo y eventualmente triunfó y se integró a la vida de ese país. Pero también conectamos con el espíritu de esa nación porque rechazamos todo tipo de dictadura o atisbo dictatorial, porque lo combatimos en su momento y porque creemos que la democracia es el mejor escenario para crecer y trascender como individuos y como ciudadanos.

Dicho sea de paso, como lo conté por acá, uno de mis primos tuvo que escaparse -literal- del país (porque la frontera estaba cerrada) una vez que la crisis solo preveía violencia, hambre y muerte por el fuego cruzado de chavistas y demócratas.

Ésa es una de las razones por la que la bilis se me subleva supremamente cuando hay cada tarado en redes sociales que se expresa xenófobamente de estos hermanos y estas hermanas, como si dentro del país muchos y muchas no fuésemos migrantes. en algún momento escribí que la propia Sullana es una ciudad de migrantes, duela a quien le duela, alégrese quien se alegre, y debemos celebrar la diversidad que eso significa.

El otro hecho que me molesta profundamente es cuando hay cada peruano tarado que paga las arepas que con diligencia (y mucho aceite) hacen los venezolanos refugiados con cinco soles falsos. Claro, el peruano es 'vivo' haciendo bobo al resto. ¿Qué pasaría si la situación fuera la de un peruano refugiado en Venezuela a quien le pagaran el palito de anticuchos con cinco bolívares falsos? Mínimo que arma bronca, ¿no?

Ser refugiado no es fácil porque significa dejarlo todo y comenzar desde cero en muchos casos.

La referencia análoga más cercana al episodio venezolano la tenemos en los cubanos que dejaron la dictadura de los Castro para asentarse en la Florida, una zona recreativa y agrícola, que eventualmente se ha convertido en una de las cosmópolis más pujantes de los Estados Unidos: Miami-Dade. Aunque al presidente Trump se le olvida, su resort personal en Fort Lauderdale es acogedor gracias al trabajo de migrantes hispanos, quienes siguieron el ejemplo de esa primera oleada cubana.

Preveo que lo mismo pasará con Perú y todas las naciones que están acogiendo refugiados venezolanos, salvando los contextos particulares de cada nación. De hecho, creo que el auge sociocultural se hará más patente en Colombia y Chile, lo que significa un mayor crecimiento económico, a juzgar por el comentario positivo que existe sobre los venezolanos en estos países.

En efecto acá, un amigo en Chiclayo se deshacía en elogios cuando describía la actitud de estas personas: laboriosos, ágiles, hiperactivos y rumbosos, siempre con la moral en alto; ¡ah!, y encima empáticos y de buen trato.

Sé que en Piura también algunos se están estableciendo y poniendo negocios o trabajando en ellos. Mi hermano menor que vive en la capital departamental tiene el mismo concepto de los que ha podido conocer, aunque también tiene la teoría de que en esta primera oleada estaremos recibiendo a esos refugiados que saben lo que es ganarse la vida y no harán otra cosa que seguirlo haciendo metiéndole músculo y creatividad. Mi hermano pronostica una segunda oleada que también aportará crecimiento sobre los pasos de los primeros, y una tercera oleada donde quizás no nos llegue la gente más entusiasta o laboriosa, y en todo caso veremos qué pasa.

¿éso justifica las posiciones patrioteras y chauvinistas? No, de ninguna manera. Para controlar los excesos tenemos un sistema legal, y en todo caso se lo dejamos a él; pero, si el pronóstico de mi hermano falla, y resulta que esta oleada tricolor (por su bandera, por si acaso) resulta inyectando proactividad, competitividad, justicia y buena vecindad, ¿por qué cerrarnos? ¿No querríamos que nos traten solidariamente si acaso alguna vez tenemos que escapar de nuestro país si se volviera hostil e inviable?

Buscando inspiración para esta columna, hallé que ya tienen una comunidad virtual bien consolidada y hasta un sitio web en el que se están informando de datos útiles: http://venezolanosenperu.com/

Aún insistiré con llegar a conectar con esos venezolanos y esas venezolanas que lograron afincarse en Piura, a conocer sus historias, a medir el aporte que su presencia significará en nuestras vidas, a combinar culturas... y a pedir disculpas por los cinco soles falsos que a veces algún compatriota tarado les da como si la viveza fuera la mejor forma de conducirse en sociedad.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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