Violencia de género: ¿las discusiones de forma siguen atentando contra las acciones de fondo?

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. El martes estuve como asistente en una interesante disertación doble organizada por el Distrito Judicial de Sullana en alianza con el Centro Federado de Periodistas de esta provincia, acerca del marco legal que aborda la violencia contra la mujer y otros miembros del círculo familiar.

Entre repasos y aprendizajes nuevos, me sorprendió gratamente que las especialistas (una jueza de familia y una psicóloga) utilizaran los términos 'género' y 'violencia de género' con la mayor naturalidad del mundo, y sin que reportaran choque anafiláctico de alguna índole. Aunque, claro, como que se confundió el uso del término 'género' con el de 'sexo', pero de que se usó, se usó.

Dije para mis adentros: ¡vaya, si ellas lo están diciendo, es oficial! Y a continuación pensé: entonces, ¿por qué a otra gente de mi comunidad les genera hinchazón, comezón, enronchamiento y dificultad para tragar o respirar?

Según las propias especialistas, el machismo está fuera de control, los correctivos contra los múltiples crímenes aún son bblandos, pero también estamos en una sociedad violenta que revictimiza en vez de proteger a quienes sufren agresiones físicas, psicológicas, sexuales o hasta económicas, porque este cuarto tipo de violencia también ya ha sido incorporado como parte del paquete para abordar legalmente el problema. Buenas noticias, ¿cierto?

Pero más allá de las definiciones de significado y construcción de términos, ¿qué estamos haciendo realmente para reducir los niveles de violencia de género en nuestra comunidad? 

Nos estamos escandalizando de los casos que no solo se multiplican sino que cada vez se presentan en modalidades más asquerosas; pero, ¿qué estamos haciendo para detectarlas a tiempo y prevenirlas?

Es curioso que luego de los episodios de violencia sexual ocurridos durante el censo del 22 de octubre, mucha gente se haya creído que la culpa fue del censo (o sea, pon al censo como acusado en un tribunal) o el INEI (o sea, ¿qué?), sin considerar que los agresores ya eran agresores antes del domingo 22, y que en todo caso aquel día fue la ocasión propicia para que ellos delinquieran.

Claro que el INEI podría ser responsable por no prever protocolos de seguridad con sus censistas; pero también seamos conscientes de que esos agresores ya estaban allí. ¿Por qué no los detectamos antes?

Pero volvamos a nuestra realidad diaria.

Solo en el aspecto de agresiones de pareja, la psicóloga de la Corte decía que lo ideal es que cuando te enamoras de alguien, ambos pasen un peritahje de salud mental a ver si tu relación prosperará o terminará haciendo prosperar a la funeraria de turno. Me pregunto cuántas parejas querrían someterse a tal procedimiento cegadas por la estupidez que suele generarnos el enamoramiento, que nos hace creer que esa otra persona no podría tener un ápice de maldad, o que si lo tuviera podríamos 'curarlo' con el sonsonete ése de que 'el amor lo puede todo'.

No es que sea un escéptico del amor; al contrario, creo demasiado en él. Lo que pasa es que no me trago la estupidez, que es totalmente distinto.
Quizás los peritajes pudieran fallar: hay psicópatas que son demasiado hábiles para engañar incluso a un polígrafo, los llamados 'pushers'. Y, bueno, hay el otro extremo en el que basta que digas la primera sílaba para hacerte todo un diagnóstico psicológico sin ser de la carrera.

Y la violencia de género va mas allá. Mi punto es: ¿no estamos perdiendo el tiempo en discutir si las definiciones vienen o no ideologizadas cuando tenemos víctimas que aparecen a diario, o desaparecen en el peor de los casos?

¿Estamos esperando que la justicia lo resuelva todo, a pesar de su elevada carga procesal que genera plazos exageradamente largos, cuando deberíamos desarrollar habilidades para detectar las agresiones en nuestro entorno más cercano?

¿No estamos desperdiciando tiempo valioso en escandalizarnos por el actuar insano del prójimo cuando, a lo mejor, también tenemos ese problema dentro de nuestro propio ser?

El gobierno puede conformar miles de comisiones y elaborar las leyes más precisas para contener y penalizar la violencia de género; pero, si tú o yo no tomamos una firme actitud para prevenirla, detectarla y afrontarla, todos esos esfuerzos serán inútiles, y las consecuencias podrían incluso destruírnos directamente.

Curarnos en salud o curarnos en enfermedad: ése debe ser nuestro trabajo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonSullana)

Imágenes: Internet.

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