Apostemos por el ser humano al abordar la lucha contra la corrupción

César Orrego Azula
Typography

cesar orrego azulaERP/C.Orrego. Las últimas semanas hemos sido testigos los peruanos y peruanas, de intervenciones judiciales de prisión preventiva contra autoridades regionales: CésarÁlvarezAguilar en Ancash, Kléver Meléndez Gamarra en Pasco y Gerardo Viñas Dioses en Tumbes.

Las respuestas ciudadanas y sociales han sido diversas, las hemos conocido a través de diversos medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y por la red.

Hemos podido escuchar opiniones desde el ámbito penal: agravamiento de las penas, inhabilitación para ejercer cargos públicos de modo perpetuo, imprescriptibilidad de los delitos de corrupción; hasta las respuestas congresales, por la no reelección de mandatarios regionales y algunas muy peligrosas, en el sentido de echar marcha atrás en el proceso de descentralización.

Permítanme aportar en la discusión, abordando el problema de la corrupción, como acción humana, ya sea de los servidores públicos como de los particulares, que en conjunto producen actos alejados de la honestidad.

Las personas decidimos al actuar en un sentido o en otro, rechazando la corrupción o aceptándola, razón por la cual debemos guiarnos por el juicio de la inteligencia que juega un papel decisivo, pues nos informará cuál debe ser el sentido correcto de nuestra elección y para ello es necesario habernos preparado, estar fortalecidos con principios y valores, haber adquirido virtudes, que se trasmiten con el ejemplo en el hogar y en la escuela, principalmente.

Una debilidad que debemos revertir, es el descuido del niño y a la niña, que se convertirá en ciudadano muy pronto y debe estar preparado para afrontar un mundo con total integridad. Quizás cueste un poco más de tiempo y de esfuerzo, pues es un imperativo el construir nuestro país desde lo más elemental de nuestra sociedad, sus personas y sus familias.

No comencemos por el final de la historia – la corrupción-, tratando de encontrarle otro final –la honestidad funcionarial y empresarial-, pues apelar sólo a la reacción sancionatoria penal o administrativa, en el mejor de los casos nos asegurará tener más personas amonestadas o en las cárceles, luego de haber defraudado de manera irreparable a la población y a la democracia.

La sanción debe producirse y las autoridades jurisdiccionales, deben procurar llegar a la verdad y encontrar las responsabilidades, pero lo que es bueno para nuestra patria es tener mejores personas, mejores autoridades y ciudadanos y menos gente en las cárceles.

Apostar por las personas y su dignidad, supone un esfuerzo enorme de cada una de las familias de nuestra región, de cada escuela pública y privada, de cada escenario de socialización de nuestros hijos, pero hay que hacerlo.