Cabeza de huevo

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda. Un personaje cómico de la revista Condorito, es el universal “Huevo duro”, figura que por la forma de la cabeza con que se le concibió, se hizo conocer con este apelativo. Claro, en esos tiempos no eran comunes los huevos de granja a los que ahora nos tienen acostumbrados, todos comíamos huevos de gallina criolla, esos que Greta Seminario Córdova añora, evocando los que le traían desde Piedra Rodada, el lugar por el que a su paso en 1868, Antonio Raimondi, nos dio la clave, para entender porque este sitio se llama así.

Hoy es raro encontrar huevos de gallina criolla, ni en Querecotillo, Las Lomas o Suyo se les encuentra, y en Tambogrande, menos, por eso a Greta se le ha ocurrido, hacer una tortilla gigante para compartirla con un regimiento, y proponer un record universal, pero no con huevos de granja, sino, con huevos de avestruz, para saltear el tedio de estar quebrando uno por uno.

Recuerdo que cuando aparecieron por primera vez los huevos de granja en Sullana, al final de los años 60, eran de color blanco, parecían copos de nieve acumulados unos encima de los otros, hoy son todos casi del color de los huevos de gallina criolla, de esas aves que llenaban el buche de maíz colorado, y que cuando ya no eran ponedoras, se destinaban a los “caldos de parida”, después que las mujeres daban a luz y guardaban dieta.

Sin embargo, solo de imaginarse que el huevo de avestruz le hace recordar la cabeza de algunas amigas, Greta se queda chinita de risa, deben ser sus fantasías, su enorme imaginación, porque si bien hasta se popularizó a un político peruano como “Huevo duro”, no creo que a Greta se le ocurra llamar a alguien, con el apodo de “cabeza de avestruz”, sintetizando en esa frase, la forma del peinado de persona alguna.

Esto me hace recordar, una anécdota que contaba la folclorista Amparo Tizón Cruz, cuando una vez, saliendo de una peluquería con una amiga, un par de palomillas que deambulaban por una céntrica calle de Sullana, les gritaron a voz en cuello, “¡cabeza de huevo!”. Ambas se habían hecho el mismo corte, la cabeza les había quedado como el perfil de Cayo Pompeyo y de Tiberio Graco, en contra de su voluntad, habían aceptado que les cortase el cabello, un peluquero recién venido de Lima, porque el cotidiano no estaba, y era urgente asistir a una reunión social.

Ambas estaban intrigadas por saber a quién se referían los palomillas con eso de “cabeza de huevo”, porque las dos se veían igualitas, y las dos se preguntaban, que por cuál de las dos lo dirían, la respuesta llegó en segundos, porque como si los palomillas tuviesen antenas parabólicas, o les hubiesen leído los labios, pese a la media cuadra de distancia, gritaron los dos al unísono: “la de la calle San Martín”, Amparo ya no tuvo dudas, su amiga vivía en la calle Bolívar, y ella en la San Martín.

Me refirió esta anécdota más de una vez, y siempre con el sano humor del que era dueña, y hoy que Greta se imagina las caras en Sullana, a partir de un huevo de avestruz, no sé si será por el corte de cabellos, o por la forma de la cara. Solo ella lo sabe.

Diario El Regional de Piura