Región Piura: Sequía y abundancia de agua; las paradojas de la naturaleza

Editorial
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ERP. Hace menos de un año, los agricultores realizaban marchas para exigir dotación de agua para sus cultivos; lo cierto, que las principales fuentes del recurso hídrico como Poechos y San Lorenzo, se encontraban casi vacíos y la causa era muy simple, el año había sido seco y por lo tanto, solo se mantenían mínimos insuficientes para atender cultivos de excesivo consumo de agua como el arroz.

Nadie pudo anticiparse que este año, las lluvias serían intensas y que se pasaría de un nivel de estiaje a otro de abundancia. En esta nueva realidad, las aguas de represamiento están garantizando la próxima campaña agrícola y miles de metros cúbicos se pierden en el mar. El río Piura transporta por el momento cerca de 2,000 m3/s, en tanto que el río Chira más de 2,000 m3/s.

Como se sabe, las aguas de la cuenca del Piura, permiten irrigar las tierras agrícolas de la provincia de Morropón y al mismo tiempo las lluvias mantener el acuífero más grande del Perú. Cuando llueve, no solo permite crear mejores condiciones para los cultivos de la región, sino igualmente aportar en el represamiento del agua para los meses del año considerados como secos.

Respecto a las aguas del Chira, las mismas que nacen del Ecuador, estas llegan a la presa de Poechos y desde ella, mediante canales de irrigación se dirigen a Piura, Sechura por un lado y Sullana y Paita por el otro. En las zonas de impacto de esta cuenca, se han sembrado productos de exportación como la uva, que ha permitido convertir esta zona como agroexportadora.

Lo cierto, que las aguas actuales no solo son abundantes, sino igualmente destructoras y tiene que ver con la escasa cultura de la prevención. Muchos agricultores con la finalidad de ganar áreas de cultivo se han localizado en las orillas de los ríos y de las quebradas y con un mayor caudal son los primeros damnificados.

Otros, pese a las ingentes ganancias no han sabido acondicionar sus terrenos para una correcta evacuación de las aguas y en lugar de correr y desplazarse se han almacenado en las áreas de cultivo, destruyendo las plantas. Vienen reclamando que se les atienda; sin embargo, las medidas de prevención deberían haberlos llevado a adoptar las acciones más convenientes para mitigar los impactos negativos de una lluvia.

Otro aspecto a tener en cuenta en esta nueva situación, es la ceguera del nivel estatal, el cual es incapaz de entender el desarrollo local. Acceder en estos momentos por los caminos o trochas carrozables simplemente es imposible por el nivel de fango. No se realizó inversión alguna y se dejó que cada emprendedor u cada asociación avance en su propio ritmo sin acompasarse en las acciones de desarrollo.

Lamentablemente, frente a este tipo de situaciones que crea el fenómeno el “Niño” aunque muchos han coincidido en denominarlo “Niño costero” siempre perjudica al que menos tiene. Pero igualmente perjudica al privado que sin conocer la geografía de la zona, se ubica en cualquier lugar sin realizar ninguna obra que permita que las aguas fluyan sin inconveniente.

Ayer sequía y ahora abundancia de agua, lo cierto que las lecciones para el futuro deben aprehenderse de lo que actualmente se vive. Los agricultores no solo deben usar bien el agua, sino igualmente sus tierras de cultivo deben responder a un criterio de prevención del riesgo; si un privado realiza inversiones en el sector agrícola, debe conocer la geografía que optimice el terreno para los fines que desea, partiendo de la realidad.

Aún las lluvias son una posibilidad y los pronósticos como siempre reiterativos; más nunca existe la certeza que sucederá cuando se dice que sucederá; sin embargo, tarde o temprano las lluvias se convertirán en el principal elemento destructor de todos los avances logrados con mucho esfuerzo y trabajo.

La mejor manera de lamentarse menos, es invirtiendo en gestión del riesgo y realizando las acciones de prevención que la realidad y la experiencia sugieran. Lamentarse después, es simplemente lloriqueos tardíos por la insensatez de no hacer lo que tiene que realizarse en oportunidad y tiempo.