Los errores que cometemos en todos los bandos

Nelson Peñaherrera
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ERP. Nelson Peñaherrera Castillo. El viernes por la noche, el periodista César Hildebrandt dio una de esas raras entrevistas televisivas que merecía dejar de hacer cualquier cosa y prenderse al rectángulo de plasma. Por cierto, excelente desempeño de Mávila Huertas, quien supo atrapar desde el primer segundo la simpatía de don César, porque puede que nos caiga pesadamente sincero... pero ahí radica su simpatía.

Se habló de la actualidad, el ingrediente básico del periodismo, en especial de la actualidad política que, sobra decir, está pasando una de sus peores crisis por estos días en el Perú, aunque también en el resto del planeta cada lugar con su propia versión local. Sí, como que la crisis ahora tiene franquicias tipo los 'reality shows'.

De todo lo interesante que dijo Hildebrandt, la cita que se me ha quedado memorizada es esa de que "hemos derrotado militarmente al terrorismo, pero no lo hemos derrotado políticamente", aludiendo a las acusaciones de que las protestas sociales de estos días estarían siendo infiltradas por grupos afines al maoísmo, que en su momento impulsaron a Sendero Luminoso, la banda terrorista que aprovechó la desigualdad existente en nuestro país para cometer su mayor error: llegar al poder por medio de la violencia de todo tipo.

Es cierto que los comunistas y todas sus variantes han sido vistos con muchísimo recelo en sus casi 180 años de existencia, en buena parte porque los estilos de quien defiende tal posición parecieran proponer el ostracismo como forma de conducirnos en grupo. Así tenemos a un Nicolás Maduro quien piensa que la mejor forma de proteger a su régimen es cortando toda vía de información libre con el mundo y manipulando las que él sí tiene activas hacia él (ley del embudo vía satélite).

Algo parecido pasa en las protestas nacionales: en vez de afinar mejor la estrategia de incidencia, los dirigentes no tienen mejor idea que aporrear a la prensa con la única intención de callarla o hacer que diga lo que ellos quieren que diga. Eso es otro error. El truco de cualquier guerra informativa consiste en convencer, no censurar, porque cuando convences al adversario y lo conviertes en aliado, el resto es pan comido.

Pero no solo de ese lado. Hildebrandt también ha expresado que hay una torpeza de la derecha, tradicionalmente etiquetada como capitalista (la antítesis del comunismo), y que consiste en desvanecer el debate de ideas como la forma de mantener el equilibrio. Aparentemente la política de ese sector no va por ahí, sino en acusar y reprimir según corresponda.

Para el periodista, éste es otro error que se acentúa por una aparente inexistencia (carencia mas bien) de portavoces que sean capaces de decirle a los simpatizantes maoístas "OK, lancen lo mejor que tengan pero escuchen lo que tenemos que comentarles al respecto".

Claro está, el otro truco es cómo mantienes un debate en el que la otra parte gaste sus mejores argumentos sin llegar a la agresión, porque el primero que agrede, patea el tablero o hace pataleta, pierde. Y en esencia todos somos unos perdedores, no importa del lado que estemos o defendamos.

Yo siento dos cosas: primero, que sí hay una evidente infiltración ideológica del maoísmo en los argumentos de la protesta social porque incluso se asoman sutilmente en los comentarios que dejan en mis redes sociales (como que también hay de los otros que son más conservadores que la patada); y segundo, que ni ellos ni nosotros estamos ideológicamente preparados para debatir, sí para agredirnos, pero no para debatir. Hay una seria diferencia.

Puede que sea culpa de la educación, puede que sea culpa del contexto cultural, puede que sea culpa de todo. Lo cierto es que si vamos a participar activamente en la vida ciudadana de nuestra comunidad y no vamos adecuadamente preparados, o al menos con una estrategia, no seremos eficientes, y serlo depende de que decidamos serlo.

Vivimos en una época bendita en donde toda la información está a un click de distancia como para que nos alimentemos y carguemos bien nuestras razones y convicciones, entendiendo que la tecnología no es el problema sino cómo la usamos: actitud, albedrío, capacidad, en fin, temas más humanos que fruto de una secuencia de unos y ceros.

Hildebrandt tiene toda la razón, tuvo toda la razón y sé que seguirá teniendo la razón. Ahora depende de ti y de mí prepararnos y actuar. Abstenerse no será culpa de nadie más que de uno mismo. Ni más, ni menos.

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