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Mar, Ene

Caer como chilalo, o caer patas arriba

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. Con toda seguridad los lectores de El Regional Piura que son piuranos o están vinculados con la zona norte del país, habrán escuchado alguna vez la expresión, “cayó como chilalo”, entendiendo que esto se relaciona con los desmayos repentinos a causa de una impresión inesperada, o situaciones que a veces provocaban la muerte.

Por Miguel Arturo Seminario Ojeda

Presidente Honorario de la Asociación Cultural Tallán

Y en efecto, para comprobar si estaba en lo cierto, hice la consulta a más o menos medio centenar de contactos, y casi todos han coincido con lo mismo: Cesar Leigh Arias, Carmen Cruz Delgado, Luis Ernesto Mendoza Ramírez, Miguel Celi Rivera, Ena Ognio de Silva, Jorge Barrantes Arrese, Iris Ruiz Merino, Juan Uriol Tassara, Carmen Arrese Pachérrez, José Antonio Montero Seminario, Hortensia Seminario Gallo, Ramón Celi Soto, Socorro Orrego Zapata, y otros entusiastas del tema piurano.

Todos estos amigos coinciden que el chilado u hornero, es el pájaro que no puede vivir en cautiverio, y cuando se le somete a tal desventura en una jaula, cae muerto, quedando generalmente “patas arriba”, y esto sucede al poco tiempo de enjaularlos, es decir que el pájaro, hembra o macho, aman profundamente su libertad, y no se resigan como las chirocas, soñás, loras o calandrias que prisioneras suelen cantar su pena tras los barrotillos de la jaula.

Las referencias más antiguas que he podido leer sobre este pajarito, cuya existencia se pierde en el mundo tallán, aparecen en las acuarelas del obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, y en la descripción sobre Piura publicada por Ignacio de Lecuanda en el Mercurio Peruano, a fines del siglo XVIII. De modo que les habrá llamado la atención ese pájaro constructor que edifica su propia vivienda compartida con su pareja, que es más resistente que el concreto armado cuando asoman lluvias como las de 1925, 1983 y 1998, como me lo recordaba un amigo de la infancia, Jorge Luis Baquero Ortíz.

En su libro Velasco o el proceso de una revolución, publicado por Raúl Estuardo Cornejo Agurto en 1969, nos enteramos del paso del general Juan Velasco Alvarado por las aulas del Colegio San Miguel, y supimos que el regente de dicha institución educativa era don Sixto Ramírez, a quien los estudiantes habían bautizado como “el chilalo”; y conversando sobre esto con mi tío Luis Gerardo Seminario Requena, residente en la ciudad de Córdoba, Argentina, me hizo saber que el regente caminaba como el ave en mención, y en una ocasión había vestido un terno combinado de dos colores, de caqui y anaranjado claro, que les hacía recordar al chilalo.

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Sobre este particular también conversé con mi tía Elvira Castro de Quirós, cuyo padre, Abraham Castro Coloma, fue ex alumno sanmiguelino, quien le dijera oportunamente que don Sixto Ramírez era bastante colérico, temiéndose que alguna vez iba a caer como chilalo, por lo que los alumnos que lo merecían recibían sin protestar los palmetazos correspondientes, cuando les tocaba, de acuerdo a las estrategias para castigar la mala conducta, como se acostumbraba en aquellos tiempos lejanos.

La recordada etnomusicóloga y compositora Chalena Vásquez Rodríguez, compuso un tondero sobre el chilalo, recordándonos que su canto alegre no se escucha más si se le encierra, porque muere, poéticamente nos dice que el chilalo “canta dando la hora, relojito de los campos, relojito mañanero”, y esto me hace retroceder hasta 1970, cuando en plena colonización San Lorenzo, mi tía Juana Ruiz de Ojeda, siempre se despertaba a las 6 de la mañana, porque la despertaban los chilalos que anidaban en el árbol contiguo a su casa. La canción de la chilala es otro tema contagioso y muy difundido en el siglo XXI.

Volviendo al título del artículo, era común escuchar, a fulano o a fulana le diré tal cosa, y de inmediato saltaba la respuesta: “Mejor no le digas nada, porque caerá como chilalo”, y te verás a gatas y en apuros. O era también muy corriente escuchar que alguien había caído como chilalo tras un repentino colerín. La frase se escucha hasta ahora, y el nombre del chilalo aparece registrado en los diccionarios de piuranismos, anotándose que es amante de su libertad, muriendo cuando se le apresa y encierra.

Diario El Regional de Piura

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