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Dom, May

Solo devolverle a la ciudadanía el poder, permitirá salir de la crisis política y ahora económica

Editorial
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ERP. Una clase política irresponsable, actúe impunemente agravando la crisis política que generaron tras los triunfos de Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo Terrones; lo hacen afectando el Estado de Derecho, rompiendo el equilibrio de poderes e independencia de instituciones públicas, además, de generar las condiciones para un presunto fraude electoral en el 2026.

Sin duda, que la única forma de resolver la actual situación, es hacer lo que hizo la República del Ecuador, es decir devolviendo a la ciudadanía su opción de decidir a sus nuevos gobernantes, mantener el actuar régimen híbrido es acentuar la crtisis política y económica. 

Tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, los presidentes sucesorios mantuvieron la independencia e imparcialidad del Poder Ejecutivo, al margen de particularidades, Martín Vizcarra Cornejo evitó ceder competencias a un partido obtuso como el fujimorismo y Francisco Sagasti, sin duda que le devolvió la prestancia que debe tener la presidencia de la República.

Pero lo sucedido con el gobierno de Dina Boluarte Zegarra, es totalmente deleznable, atentatorio contra el interés nacional con el renunciamiento de funciones y competencias del Poder Ejecutivo. Sin duda, ella, en conciliábulo cedió poder a una mayoría congresal díscola, cuyos intereses son antidemocráticos y lo hizo, por sus pocas cualidades y quizá por su vanidad, de ejercer un cargo que difícilmente podría haber logrado en otras circunstancias.

Dina Boluarte, es una mujer poco preparada para ejercer el cargo, indicó recientemente un exalcalde y coincidimos con esa expresión. Además del renunciamiento a cumplir con sus competencias, ha reconvertido el Poder Ejecutivo en una organización con una mayoría política que los peruanos rechazaron en las últimas elecciones; pero ella quiere quedarse hasta el 2026 y para lograrlo renuncia a toda independencia.

Es un títere de la mayoría congresal, una marioneta o una veleta, que es manejada a antojo y obligada a danzar al ritmo que establece el Congreso y parte de sus presuntos delitos estarían relacionados, como fue la represión excesiva contra manifestantes después de asumir el mando. Cuando todo esto pase y aunque sea tarde, la justicia la llevaría al banquillo de acusados y mirando otras experiencias, pagará por sus delitos.

Pero la crisis política de impredecibles consecuencias, seguramente terminará con un gran fraude electoral o con el triunfo de un radical de izquierda o derecha. Han modificado todo el contexto electoral y el sistema que lo dirige será su última ratio para lograr su cometido e irse a la aventura de las elecciones y de su presunto fraude; sin embargo, más allá de esta situación, la parte económica viene cobrando esta inestabilidad.

En efecto, la crisis política ha generado pérdida de confianza nacional e internacional, presidencia de la República y Congreso de la República, se encuentra en los peores límites de credibilidad legal y social. El ruido político es un gran enemigo para generar inversión y sin inversión simplemente no existe crecimiento económico y si no existen variables positivas, quienes pagan las consecuencias son los que menos tienen.

La pobreza monetaria al 2023, ha crecido de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística e Informática. Durante la gestión de Dina Boluarte la pobreza extrema y la pobreza se ha incrementado y existe un porcentaje que podría ser vulnerable a caer mucho más y seguir sumando en esta crisis que le refriega al Poder Ejecutivo y esta instancia, en su afán de permanecer agrava mucho más la situación.

La única manera de devolver normalidad al país, es eliminando los vectores que vienen generando la crisis política, convocar a nuevas elecciones generales, culminar con esa arbitrariedad de querer copar las instituciones del Estado y respetar la Constitución que viene siendo reseteada dolosamente por el Congreso de la República y validada por un Tribunal Constitucional prevaricador. Si esto no sucede, los pobres retornarán a los niveles de la década de los 80 y los actores económicos verán afectadas sus ganancias, allí despertarán.

Vivimos momentos críticos en el país, se requiere la reacción social, pero ante tanta matanza deberá suceder algo traumático para que puedan actuar y presionar para que este laberinto mande a su casa a prepotentes que operan desde el Congreso, a una presidenta vanidosa y narcisista que es elemental y en reemplazo la población debería actuar con más responsabilidad para resolver esta lamentable situación.

Diario El Regional de Piura
 

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