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Jue, Feb

Lluvias, improvisación y sequía

Miguel Godos Curay
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ERP. Los paros tienen como consecuencia inmediata el alza de los precios en los mercados. Todo sube de precio: transportes, alimentos, combustibles, servicios públicos. Las clases no impartidas nunca se recuperan. Lo que se dejó de hacer durante la pandemia tiene aún un costo social enorme. Las clases perdidas nunca se recuperaron. Antes recrudecía la malaria hoy es el dengue el que afecta a las familias.

Por Miguel Godos Curay
Periodista y docente universitario

Los servicios imprescindibles -que nadie pondera- se dejan de brindar como la limpieza pública y el aseo urbano convirtiéndose en un riesgo para la salud. Lo sucio se exacerba con montañas de desperdicios abandonados en toda la ciudad. El plástico arrojado irresponsablemente en todas partes afecta la vida de las poblaciones. ¡Todos perdemos ganan los agitadores políticos de todo color!.

Nos gana la incapacidad de organizarnos para una acción ciudadana por el bien común. Somos incapaces para el diálogo civilizado en busca de soluciones. Una ignorancia supina sobre los severos impactos del cambio climático -que no es un fenómeno de un día para otro- es parte del discurso. Prima el desorden, la incapacidad manifiesta de enfrentar problemas. De un día para otro se pretende acabar con las históricas negligencias de la población. Las emergencias no se resuelven con la lámpara de Aladino.

Sin la población organizada y la acción colectiva en iniciativas básicas para mantener el aseo urbano, limpiar drenes, abrir canales para evacuar aguas de lluvia vamos como el cangrejo. Abrir las alcantarillas para evacuar aguas de lluvia deteriora el sistema. La nula participación vecinal es el peor de nuestros males. Los que ayer se bañaban con cerveza y a manguerazos pedían agua a gritos en carnavales. Son los que hoy desencajados convierten a las lluvias en tragedia. Las advertencias de ayer son las desgracias de hoy irremediablemente.

La costra de nuestras tragedias 

Cada vez que llueve y el río se desborda removemos la costra de nuestras tragedias. En Piura todas las reconstrucciones, habidas y por haber, son como el panal de rica miel para las constructoras. En 1982 y 1983 hubo un festín de obras mal ejecutadas y el sospechoso enriquecimiento de allegados al gobierno. Aún recuerdo la entrevista con el ingeniero Juan Madalengoitia Alva Jefe de INADE (Instituto Nacional de Desarrollo) enviado como coordinador del gobierno durante la emergencia de Piura en 1982. Las medidas de protección de la carretera Piura-Paita, la única conexión con el puerto donde llegaría la ayuda, no dieron resultado. Aquí se aplicaron las experiencias de inundaciones en la India. Tras una noche de lluvias intensas la carpeta de asfalto desapareció.

A consecuencia de las persistentes denuncias sobre la deplorable calidad de las obras de emergencia y latrocinios en la reconstrucción fue enviado a Piura presidiendo una comisión investigadora el Senador Francisco Vásquez Gorrio. El senador era invidente. En la entrevista a poco de su arribo nos dijo lo siguiente: “Vengo a Piura, a poner a buen recaudo a los buitres de la reconstrucción”. Con tal ímpetu fiscalizador la semana de trabajo del senador sería eficiente y productiva. No fue así. Poco antes de su retorno le pregunté a boca de jarro: ¿cuántos buitres había identificado para su procesamiento penal? El pusilánime senador respondió que se trataba de personas honorables y empresas responsables que estaban trabajando por Piura. Realmente su inaudita respuesta nos dejó sin aire. La corrupción socava la inversión pública. Lo mismo sucedió en el 2017. Con equipos pesados y volquetes se acumuló toneladas de arena en el cauce del Piura. En estudios de la autoridad de Reconstrucción con cambios se prosiguió con el puré de recursos. El merengue de la torta de la corrupción visible e invisible.

Que la historia no se repita 

No puedo olvidar el primer desembarque de ayuda en Paita en 1982. Lo primero que llegó al puerto fueron cientos de cajas de cerveza. La ayuda alimentaria diminuta estaba cubierta de cajas de Cristal y Pilsen. La cerveza no faltó durante los diluvios. Otra ocasión llegó el avión presidencial cargado de panetones y algunas botellas de agua. Cuando el hambre arreciaba, en las inmediaciones del campo ferial se encontraron enterrados alimentos que la gente descubrió bajo tierra con rabia y realizó serias denuncias. La mayor parte de los alimentos donados eran productos vencidos. La gente se llevó tarros de leche, granos, pan embolsado, pescado enlatado, productos empacados que finalmente consumió. La denuncia en los medios puso a las autoridades contra la pared.

Nunca estuvimos ni estamos preparados para una emergencia desproporcionada. Las lluvias dejaban poblaciones enteras sin agua potable y energía eléctrica. Entre 1982 y 1983 la pérdida de vida por electrocuciones era un percance cotidiano. La mayor parte de ellos producto de las conexiones clandestinas y tendidos eléctricos como telarañas en zonas marginales.

Violeta Correa organizó los comedores 

Hoy el desabastecimiento de alimentos se cubre a duras penas por el mercado mayorista Las Capullanas convertido en un gigantesco lodazal. Los nuevos y modernos centros comerciales cumplen una función emergente en diversos sectores de la población. En 1982 gracias a Violeta Correa de Belaunde se puso en funcionamiento centenares de comedores populares en diversos sectores de la población. La carencia de combustibles y alimentos afinó la solidaridad alimentaria en los tiempos más duros. Violeta Correa, periodista todo terreno, tras su arribo al aeropuerto en la tolva de una camioneta oficial recorrió Piura convertida en un embalse gigantesco. Se reunió con las madres y movilizó la ayuda del gobierno en todos los sectores para la subsistencia. Los comedores aliviaron el hambre en sectores populosos.

El coraje de monseñor Cantuarias 

Coraje en las defensas frente a las inundaciones, mostró sin ambages, Monseñor Oscar Cantuarias Pastor. Cuando los vecinos indiferentes esperaban la salida del río monseñor, con el agua a la cintura, defendía con sacos de arena las filtraciones desbocadas del Piura en las zonas más sensibles del barrio sur. Tras las lluvias venían los apagones, las alcantarillas colmatadas, nubes de zancudos propagadores de la malaria.

En 1982 una de las primeras ayudas solidarias que llegó desde Lima la trajo Alan García quien vino acompañado por el mangache Octavio Zapata Albán. Octavio, nos proveyó de vacunas, antimicóticos, pastillas para purificar de agua y cloroquina. De la estatura de García, Zapata, el solidario durante los diluvios se convirtió, más tarde, en la persona olvidada, cubierta de harapos, deambulando por la ciudad. Dueño de una inteligencia asombrosa, políglota y político se extravió para siempre.

El frente cívico conquistó el canon petrolero 

Respuesta cívica unánime a la tragedia fue el Frente Cívico de Piura para exigir al gobierno la reconstrucción. La conquista del Canon Petrolero fue su mayor logro. Existía consenso político. La movilización legítima de gremios como la FRADEPT, el SUTEP, Federación de Pueblos Jóvenes y la Federación de Empleados Bancarios eran de un vigor cívico extraordinario. De la demanda y la protesta surgieron líderes como Luis Paredes Maceda (PAP), Jorge Gamio Vargas (PPC), Robespierre Bayona Amaya (IU), Javier Urteaga entre otros líderes y dirigentes agrarios. Pocos conocen que el estrado de todos los concurridos mítines del frente fue la tolva de un ya histórico camión del “Ñato” Armando Burneo.

Lo que hoy presentan jóvenes dateros con protagonismo puneño no es nada nuevo. Estudiosos como Anne Marie Hocquenghem y Lue Ortlieb de modo pormenorizado registran lluvias anormales y anomalías climatológicas desde 1532 hasta 1891. Ahí aparecen las lluvias e inundaciones en la costa norte del Perú tras una acuciosa pesquisa crítica a las fuentes históricas. Salvo contadas excepciones, los expertos opinólogos, oídos y escuchados, están en la calle. El experto hombre del tiempo, en meteorología, navega en la nada. El lluviólogo, pocos conocen, fue una fábula gananciosa, contante y sonante, creada por Montesinos. Cada vez que se avecinaban conflictos sociales anunciaba lluvias e inundaciones. Entonces todos miraban el cielo y olvidaban las legítimas demandas terrenales. Eran los tiempos de virgencitas llorosas y fabricación de milagros ante multitudes en Villa El Salvador. Los genuinos científicos del clima están en el Senamhi.

Cuencas ciegas: El curso de la irresponsabilidad 

En Piura, las cuencas ciegas están en la punta de la lengua hace mucho tiempo. Antes de 1982, el año de los diluvios, se advirtió los riesgos de El Chilcal como una zona residencial encajonada. Las consecuencias de las lluvias de 1982 y 1983 fueron catastróficas. El 2017 aconteció lo mismo. El arquitecto Javier Velarde Aspíllaga, ministro de vivienda de Belaunde, advirtió, un sistema de drenaje pluvial con puntual mantenimiento a la larga sería más costoso que entregar un módulo básico para los vecinos afectados en un lugar seguro de inundaciones. La plusvalía urbana y el olvido se opusieron al abandono de esta zona residencial. Tras las lluvias los precios inmobiliarios se van al suelo. En 1984 tampoco se vislumbró la amenaza pluvial en los módulos para vivienda de Ignacio Merino. Hoy junto a Santa Margarita. Son el talón de Aquiles de una ciudad de crecimiento desordenado bajo la presión de la voracidad inmobiliaria. Hoy hasta los diminutos departamentos del último piso se inundan.

Lo mismo sucede en la urbanización Club Grau y Los Cocos. La planificación urbana, por arquitectos e ingenieros en Lima, sobre planos es un fiasco. Los migrantes de Ayabaca y Huancabamba, pobladores del oeste, conocedores de los cursos de agua, no se inundan. Todas las expansiones urbanas periféricas con servicios precarios extendidos con tubos de PVC son una seria amenaza para las familias. Últimamente, en Piura, Castilla y Catacaos se han lotizado en predios que antes fueron rellenos sanitarios. Tampoco se tiene en cuenta la proximidad a los drenes y los riesgos inminentes en las emergencias provocadas por el cambio climático.

Planificación urbana, tarea pendiente

Estos temas de planificación urbana se postergan en los gobiernos locales donde importa la inmediatez política. En los gobiernos regionales mucho se habla pero poco se hace. El tema salta en el momento en que se producen las emergencias. Después, poco o nada se hace. Muchas veces, los consejeros y la burocracia oportunista, desconocen estos temas de planificación urbana. Sus preocupaciones políticas y económicas apuntan en otras direcciones. Muchos de los acuerdos son aire. Un improductivo ejercicio del burocratismo local, regional y nacional.

Sumemos a ello una frágil representación de la sociedad civil. En esencia la sociedad civil está conformada por esa institucionalidad que no es parte del Estado. Ahí están democráticamente representadas las asociaciones, organizaciones, instituciones, gremios y fundaciones. No se trata de una cofradía de pedigüeños o eternos dirigentes apoltronados en instituciones. No, es así. Su dinámica social es objetivamente representativa, participativa y vigente.

Piura no es una chacra

El futuro de una región como Piura, con 35,892 kilómetros cuadrados de extensión territorial tiene una enorme potencialidad económica. Piura, territorialmente es más grande que Israel (22,145 km2) y El Salvador (21,041 km2). Sin esa ausente visión de estado somos una aldea dependiente de ese ciclo perverso entre abundancia y carencia de agua. El recurso que hoy nos aplasta y agrede es el que nos faltará mañana.

Tampoco nos esforzamos por multiplicar nuestro potencial agrícola, las áreas verdes dispensan alimento y oxígeno a nuestras poblaciones. Hoy son contados los colegios y escuelas con áreas verdes. Niños y jóvenes realizan sus prácticas deportivas sobre canchas sintéticas que el sol recalienta y despiden el hedor de llanta parchada. Vivimos peleados con la naturaleza. Santa Isabel, Santa Ana, 4 de Enero, la Unidad Vecinal son zonas residenciales sin áreas verdes prima el cemento. Nuestras avenidas viven la amenaza de establecimientos comerciales que riegan con petróleo quemado los pocos árboles que se mantienen en pie.

Cambio climático, una agresión plantetaria 

El cambio climático nos obliga a preservar el agua. Una forma de lograrlo es controlar el cultivo de arroz que saliniza tierras y destruye vías asfaltadas. Es necesario adecuar los diseños urbanos a las hoy persistentes perturbaciones del clima. Que el asfalto fresco en las calles de la ciudad se deshaga como un acuña es producto del desempeño negligente y al mismo tiempo el efecto de la radiación solar insoportable. En Piura, el cáncer a la piel, va en aumento. La protección es una necesidad que obliga al uso del sombrero y la necesaria protección de grandes y chicos. Ayer las arrugas de nuestras abuelas eran producto del paso del tiempo. Las de las abuelas de hoy son producto de los efectos de la radiación ultravioleta que penetra las capas profundas de la piel y la deteriora. Una exposición prolongada en la playa va siempre acompañada de visibles marcas de la edad y lesiones a la piel.

El Niño 1972-1973 que para algunos pasó desapercibido marcó el colapso de la pesquería peruana. El de 1982-1983 destruyó la infraestructura vial y agrícola. El impacto económico fue contundente conforme a los registros de la inflación y devaluación monetaria. El del 2017 dejó 250 mil damnificados, 30 mil viviendas colapsadas y 260 mil afectadas. Piura, Tumbes, Lambayeque y la Libertad llevaron la peor parte.

Sin planificación y decisiones políticas somos vulnerables frente a los desastres naturales. Los esfuerzos dispersos el desentendimiento político a nivel local, regional y nacional dispersa los esfuerzos y dilapida los pocos recursos disponibles. La improvisación, el reclamo con ganancia política, agrava la situación. No se resuelven los problemas de la ciudad en un santiamén. Sin acuerdos ciudadanos consistentes y sin responsabilidad cívica poco o nada se puede hacer.

Hoy enfrentamos diluvios repentinos sobre ciudades desordenadas en donde los sistemas de evacuación no funcionan. El crecimiento desordenado no planifica. El boom inmobiliario maximiza la rentabilidad y posterga la previsión. La Piura quejosa de los excesos del agua de las lluvias, inundaciones, colapso de vías, destrucción de carreteras, degradación de suelos, ineficiencia de servicios públicos e incapacidad de respuesta de sus autoridades es la consecuencia de la improvisación manifiesta. La ingobernabilidad al galope. Una visión irresponsable del futuro. El agua que hoy nos desintegra y aplasta es la misma de la escasez de mañana.

La presencia de El Niño los próximos meses es inminente, algo así como lluvias sobre mojado. Las principales vías están afectadas por hundimientos. Los accesos a Paita, Talara y la conexión Sullana-Paita están seriamente afectados por acción de las quebradas. La situación sanitaria es bastante serie por el aumento de casos de dengue. El abastecimiento de los mercados enfrenta dificultades. Los gobiernos locales no cuentan con protocolos de emergencia para evitar inundaciones y colapso de redes de alcantarillado. Poco a poco, irán ingresando las cosechas de los temporales y las lisas de las lagunas de Sechura. Aunque aún no hay una estimación de los daños a la infraestructura vial, sanitaria, educativa y de salud se harán visibles los próximos meses. Como decían nuestras abuelas Dios nos tenga confesados. El Niño está a la vuelta de la esquina. Piura, resiste. Resiste Piura.

Diario El Regional de Piura

 

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