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Las elecciones 1809-1810, motivadoras del espíritu de independencia

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. (Por Miguel Arturo Seminario Ojeda) Cuando a fines del siglo XVIII la revolución francesa conmovió al viejo y al nuevo mundo, en 1789 y en los años siguientes, la realidad social ya no volvería a ser la misma, por todo el orbe surgieron hombres y algunas mujeres, que convertidos en sembradores de igualdad, llevaron este mensaje a todos los confines de la tierra.

La invasión napoleónica a España generó una serie de sorpresas y novedades, una de ellas fue la convocatoria para elegir representantes en España, y en toda América española, para conformar una Junta Central que definiera el futuro de la Península Ibérica y de todo el imperio español, que ahora se encontraba amenazado por la incursión de los franceses en el suelo de la madre patria, con el encarcelamiento de la familia real, el paso del poder de Carlos IV a Fernando VII, y de este al hermano de Napoleón Bonaparte.

La repercusión de estos episodios llevó a los americanos a serias reflexiones, ya habían tenido noticias de la independencia de los Estados Unidos, y sabían del estado de zozobra que se experimentaba en España y Europa, pese a que los españoles hubiesen preferido que las noticias no llegaran a América.

Gobernaba el Perú desde 1806, el virrey Fernando de Abascal y Souza, a quien le tocó enfrentar los problemas derivados de las insurrecciones de los habitantes de los dominios hispanos en América del sur, pero al mismo tiempo, durante su gobierno se experimentó la novedad de las elecciones de 1809, 1810, 1812, y años sucesivos.

La Junta Central de Sevilla se había instalado en mayo de 1808, tras el levantamiento del pueblo español, en resistencia a los franceses, quienes ordenaron fusilamientos masivos por parte de las tropas napoleónicas. Esta situación, a su vez generó el surgimiento de varias juntas en las capitales de provincia de España, y cada una procuró sus ejércitos, sus depósitos y sus propias finanzas.

La Junta Central de Sevilla gobernaba para España y América, espacio en el que los ánimos separatistas ya estaban caldeados. Por eso, 15 de junio se envió comunicaciones a América para hacer de conocimiento, los detalles de la ocupación española, adelantándose a Napoleón, que seguro iba a enviar su propia versión a las Américas, procurando que aceptaran el dominio francés. En respuesta al comunicado desde Sevilla, América envió un importante apoyo económico.

La Junta Central funcionó hasta enero de 1810, en que se constituyó la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino y de las Américas, conformada por diputados de las Juntas Provinciales de los reinos.

La Junta Central de Sevilla rompió con el régimen centralista borbónico al considerar, compartir la soberanía con América, otorgando representación soberana a los pueblos americanos, en enero de 1809, pese a las acaloradas discusiones que esto generó. Indudablemente era perceptible que el espíritu de ruptura con la metrópoli estaba ya determinado, y de alguna manera, con esta medida se trató de frenarlo.

En relación a esta convocatoria, en el virreinato del Perú se procedió a elegir al diputado del Reino del Perú, para su representación en la Junta Central, situación novedosa que fue marcada por algo no experimentado en ocasiones anteriores, los americanos tendrían voz y voto en la Junta Central, y para esto había que definir quién sería el representante.

Así, conforme se determinara, se procedió a elegir en las ciudades del interior del virreinato, para finalmente sortear en Lima al único representante por el Perú. Queda el registro que el 1 de julio de 1809 se hicieron las elecciones en el Cusco, el 3 de ese mes en Puno, y el 5 en Lambayeque, debe ser que la orden que el virrey Abascal envió al interior del país, llegó con cierta simultaneidad.

El 10 de julio se llevó a cabo la elección en Guayaquil, que recientemente había pasado a integrar el virreinato del Perú, al día siguiente se registra el proceso en Huamanga, y el 12 en Chachapoyas.

Y así se fueron llevando a cabo los procesos electorales primigenios en el interior del virreinato, hasta que finalmente, en Lima fue designado por sorteo, José de Silva y Olave, quien recibió el honroso encargo de representar al Perú en la Junta Central de Sevilla, pero cuando estaba en camino hacia España, en México se enteró que la Junta se había disuelto, y regresó al Perú

Abascal, el virrey de Perú en este tiempo de novedades, captó lo que generaban estas experiencias entre los peruanos, intuyó que el espíritu de independencia estaba latente, y que ya nada detendría ese deseo de los americanos. Murió el 31 de julio de 1821, no tuvo tiempo de enterase de la proclamación de la independencia del Perú, pero con toda seguridad si se enteró de la independencia de los países vecinos, a los que tanto combatió.

Diario El Regional de Piura

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