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Tan simple como que si lo cortas, te la cortas

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. El microempresario sullanero Mario Sarango Mogollón está preocupado porque la deforestación y el cambio climático están poniendo en riesgo su negocio: la apicultura. La noticia no es nueva pero sí es crucial desde el punto de vista de la sostenibilidad no solo de su emprendimiento sino de toda nuestra vida; y cuando hablo de “nuestra vida”, hablo de nuestra vida en el planeta Tierra.

Pero antes de irnos muy a lo global, tratemos de entender la preocupación de Sarango a una esfera más local, y la mejor manera es recordando nuestras clasecitas de primero de secundaria, o menos, cuando nos enseñaron acerca de ecosistemas y cadenas alimenticias.

mario mogollon 1

Una de las especies más nobles de la costa piurana es nuestra variedad de algarrobo, el Prosopis pallida, que es algo así como nuestro árbol nacional. Propio del extremo centroccidental de Sudamérica, no solo es una fuente de alimento, fertilidad y vida, sino que su complejo sistema de raíces permite fijar el suelo y capturar el agua subterránea que sustenta al llamado bosque seco ecuatorial mientras no cae una gota de lluvia desde el cielo.

Y cuando el cielo se precipita a cántaros, los algarrobos, en alianza con otras especies arbóreas, previenen la erosión y mantienen los niveles de fertilidad además de ser el refugio de un centenar de especies que viven entre sus ramas y troncos. Sí, como lo canta el vals.

Una de esas especies son las abejas, quienes entre otras cosas no solo ayudan a polinizarlo todo, y por ende propiciar el crecimiento de nuestros alimentos, sino que encima elaboran toda la gama de productos en sus colmenas de las que la miel es apenas la punta del témpano. Y esa gama es el sustento de cientos de personas en nuestra comunidad quienes, además de ganarse la vida cuidando el entorno, dan trabajo a otras personas y sostienen una de las tantas cadenas de valor donde la gente que incluso nunca ha conocido una colmena en su vida, termina beneficiándose.

manuel mogollon 1

Regresemos al asunto de la polinización, la acción mediante la que una abeja, en su afán de extraer el néctar de las flores para darle de comer a toda su comunidad, termina con las patitas adheridas con polen, ese fino polvo usualmente amarillo que al llevarlo a otra flor de la misma especie se precipita a su interior y permite la fecundación; por lo tanto, la formación de un fruto, y ese fruto se convierte en nuestro alimento… salvo que a la abeja le fascine devorarse un choclo.

Si sacamos o eliminamos a la abeja del esquema, el proceso natural de polinización no será posible; por lo tanto, la formación de frutos tampoco. Puede que el ser humano intervenga artificialmente pretendiendo ser una abeja (y no hablo de disfrazarse cual abeja), pero si ya existe una especie que maneja este tema al dedillo, bueno, a la patita, entonces no hay razón para que el ser humano, como es su afición, rompa ese equilibrio.

La protección de las abejas no solo significa no matar la abeja, aunque más de una persona le tiene pánico a su picadura, mientras que otras tienen un temor justificado por una reacción exagerada de su cuerpo si llegara a producirse ese accidente, el llamado choque anafiláctico. La protección de la abeja pasa por proteger también los espacios que utiliza como casa y los espacios por donde vuela buscando su alimento sin perjudicar a nadie, todo lo contrario mas bien.
Y aquí es donde el algarrobo entra en juego, ya que muchas abejas, por alguna buena razón, se sienten a gusto en formar sus colmenas o que les instalen sus colmenas junto a los algarrobos. Incluso, la existencia de algarrobas, de las que surge otra cadena de valor en la que la algarrobina es apenas otra punta de témpano, depende altamente de la polinización que nuestras amigas saben hacer excelentemente.

algarrobina mario

¿Cómo le estamos respondiendo en la práctica? Estamos talando algarrobos para diversos fines, pero los que más destacan son la expansión de las superficies agrícolas, el crecimiento horizontal de las ciudades, o la elaboración de carbón que usualmente es consumido por los restaurantes que ofrecen pollos a la brasa o las parrilladas mediante las que mucha gente está buscando tener un dinero extra.

Nuestras políticas de reposición o reforestación de los individuos que hemos talado es inexistente en la práctica a pesar de que muchos dicen tenerla en el papel, o, peor aún, cuando se reforesta, se utilizan especies precoces o de rápido crecimiento que no son propias de nuestro ecosistema, entonces lo que tenemos son árboles a corto plazo pero que no se integran a la cadena que ya se había establecido con el algarrobo. Si la cadena se corta, se corta todo, especialmente la producción natural de alimentos para consumo humano.

Y por si eso fuese poco, en tiempos de cambio climático, la tala de algarrobos también parece estar desestabilizando a otros algarrobos. Al no encontrar condiciones de fertilidad propicias para brotar sus flores, es imposible que los individuos se repongan unos a otros de manera natural, como si el mismo algarrobo estuviera dejándose morir. Malas noticias para las abejas debido a que sin flores, no tendrán polen que transportar. Y sin polen tampoco habrá frutos, así que también son malas noticias para los humanos.

Aquí radica la preocupación de Mario Sarango: proteger las abejas y los algarrobos, no tanto porque así se protege su negocio, que es un propósito válido desde que su negocio es beneficioso para toda la comunidad, sino porque la protección de las abejas y los algarrobos supone la protección de la especie humana.

Según Sarango me ha contado, lo que ha obtenido como respuesta hasta ahora son desde actitudes indiferentes hasta actitudes majaderas ante cuanta oficina de gobierno local o regional se haya presentado para exponer sus argumentos. Y ojo que Mario no es ningún advenedizo en el tema, puesto que tiene experiencia en finanzas, sistemas automatizados y ahí donde lo ven ha salido dos veces a Australia para seguir pasantías que le han permitido perfeccionarse en el manejo apícola. Además, es un promotor entusiasta de la actividad junto a otros pares a lo largo de Perú, Ecuador, Colombia, México y Canadá, suele participar en actividades de promoción y capacitación con todos ellos, y encima es un amante de las historias tradicionales sullaneras y nuestro folklore. Sí, como que no encaja en el perfil del empresario o emprendedor promedio, como los que tenemos en el mercado local. ¡Y eso es bueno!

El problema con Mario, como se lo he dicho varias veces, es que esta campaña para proteger el algarrobo y las abejas no tiene que caer enteramente en sus hombros, a pesar que ha declarado en sus publicaciones de Facebook que está destinando parte de sus ganancias a reforestar (y alguien debería deducírselo de impuestos en caso sea exitoso), sino que debería ser, cuando menos, una campaña provincial. Olvídense si la municipalidad saca una ordenanza instruyendo al respecto porque suele ser letra muerta, aunque si lo hace tampoco es inútil; debería ser un compromiso de toda nuestra comunidad.

[¿Por qué somos tan indiferentes ante un viejo árbol que se mantiene vivo viendo pasar generaciones? https://tinyurl.com/v9qvdhf ]

Ahora que comienza el colegio, por ejemplo, un lindo proyecto escolar podría ser reforestar y apadrinar/amadrinar un algarrobo. No sé, se me ocurre por ejemplo, y ojo que suelto un nombre porque lo conozco, al ex regidor bellavistino y docente Hary Piedra Mendoza, de quien (sí, va a matarme por revelar conversaciones privadas), me consta que le fascina el tema ecológico y ha tratado de hacer campañas al respecto durante su gestión en el distrito metropolitano. A mí me parece que ahí Mario tiene un excelente aliado, de paso que engarza a otro distrito aparte del suyo.

Sí, sé que está mal usar la dedocracia”; pero, gente, guárdense la timidez para otro momento y aviéntense a la aventura de hacer alianzas, caray. Sigamos.
Como lo dije en otra columna, a la vuelta de su casa está un seguidor mío y también amante del folklore local llamado Luis Enrique Curay, quien también es emprendedor y deportista; Además tenemos a Carmen Cruz Delgado, del Museo Luis Cruz Merino de Sullana, a la que Mario conoce muy bien y apoya mucho. Ahí vamos dos aliados más. Por acá, toda la mesa editorial de El Regional de Piura y FACTORTIERRA.NET, si mi director no me jala las orejas, también creo que nos podemos comprar esa campaña difundiendo y educando.

Y así sucesivamente, tú, tú, tú, tú y tú también se pueden sumar, y cuando menos tengamos conciencia, todo Sullana es parte del cambio, y un cambio que se puede medir, ver y repetir; no es otra de tantas promesas que jamás llegan a concretarse.

¿Te das cuenta? La cosa es tan simple como entender el problema y poner el hombro. ¿Las abejitas y los algarrobos nos lo agradecerán? ¡Claro que sí! Sí lo harán. ¿Cómo? Preservándonos como especie: una acción más práctica que ésa es imposible y es crucial para que sigamos viviendo. Por supuesto que eso lo tenemos que amarrar con una política de ahorro de agua, energía, recursos, en fin, cambiar de mentalidad y que esa mentalidad que nos regresa a lo simple de la vida, nos provea prosperidad.

En todo caso, y solo por darle gusto a la burocracia sullanera y piurana, Mario y quienes se sumen a esta campaña sí deberían darse el trabajo de cuantificar lo que hemos perdido, lo que necesitamos, cuáles serán las pérdidas en todos los sentidos y en todos los plazos. Ya saben que burócrata que se respete, si no lo inundas con estadística, sentirá que le estás enseñando el catecismo: pura buena intención, nada de compromiso.

Entonces, ya sabemos cuál es nuestra tarea pendiente por ahora: prevenir que se siga deforestando más superficie algarrobal y de especies arbóreas endémicas, y que tengamos sistemas de alerta eficaces que permitan preservar allí donde no podemos ponerle el ojo debido a la lejanía, como la zona rural. Obvio que las autoridades tienen que hacer su parte, pero también nosotros y nosotras, que somos la mayoría, tenemos que hacer la nuestra. Comencemos.

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