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Sáb, Nov

Los excluidos e invisibles también meten la pata… o la mano

Nelson Peñaherrera
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ERP. Es una lástima que aún se siga comentando, una semana después, que el momento más destacado de los Premios Oscar 2022 haya sido el bofetón que el actor Will Smith dio a su colega Chris Rock por una broma sobre el cabello de la esposa del primero, y no sobre la ganadora de la noche, “CODA” (señales del Corazón) que aborda la integración de personas con discapacidad auditiva e interpretada por actores verdaderamente sordos.

Por Nelson Peñaherrera Castillo

Una de las cosas que más se le ha reclamado a Hollywood, la ciudad donde tradicionalmente se concentra la producción cinematográfica estadounidense, es que no premie la inclusión o la diversidad, lo que quiere decir que ciertos grupos humanos parecen estar invisibles involuntaria o deliberadamente en las historias, o que los roles que se les asignan siempre están basados en estereotipos que luego pueden degenerar en conductas discriminatorias.

Ha tomado décadas para que en la pantalla dejemos de ver a la población afrodescendiente en roles serviles, o a las mujeres en actitudes blandas y espacios mayormente domésticos, a los gays como personas emotivamente inestables, y a los latinoamericanos como delincuentes o a los españoles como liberales ‘donjuanes’. Pero peor ha sido no mostrar o mostrar muy poco, como es el caso de la interacción de una familia con discapacidad auditiva.

Confieso que no he visto “CODA” y lo pongo en mis pendientes, pero he leído las reseñas y lo primero que me jaló el interés es que uno de los papeles principales haya sido asignado a Marlee Matlin, la primera actriz sorda en ganar un Oscar a Mejor Interpretación Principal en 1987 por “Children of a Lesser God” (“te amaré en silencio”), , protagónico que compartió con el recientemente desaparecido William hurt, y cuya premiación se conserva aquí: https://www.youtube.com/watch?v=2y4K_Xc7-JU

Lo segundo que me ha jalado el interés y la curiosidad es que dentro del reparto de “CODA” también está el mexicano eugenio Derbez, a quien debemos conocer como el absurdo filólogo Armando Hoyos, el frustrado estudiante helvético de castellano Hans Pujenheimer, o el papanatas mediocre Ludovico Peluche, pero que detrás de esas caricaturas que nos hicieron reír (a mí al menos sí), ha sido un obsesivo y perfeccionista creador de contenido comenzando primero en la televisión de su país, innovando la forma de ponerlo en pantalla, luego saltando al écran, y en tiempos actuales juntándose con grandes figuras estadounidenses para finalmente pararse en el escenario del Dolby Theater como parte del elenco que ganó el mejor Oscar de la noche.

Estoy hablando de quizás unos 35 años de lucha, sacrificios, tomar y dejar, ir cuesta arriba y elegir el proyecto correcto. Will Smith, ya que lo mencioné al inicio, comenzó de mucho más abajo. “The Fresh Prince of Bel-Air” (“El príncipe del rap”) fue su segundo escalón profesional, pero él sí comenzó desde los peligrosos suburbios de Filadelfia, Pennsylvania, hasta convertirse en una marca respetada a nivel mundial no solo como actor sino como productor.

Que Derbez y Smith se merecen el éxito que tienen, sí, porque justo son esos dos ejemplos de los excluidos o invisibles de Hollywood que se abrieron paso, aunque no los únicos que lo hicieron con éxito. Pero en el caso del segundo, todo ese ascenso épico lo malogra con su reacción ante la broma que le hizo el comediante Crhis Rock.

Muchos machitos, incluso quienes no lo parecen, han aplaudido la cachetada de Will porque Chris no solo ridiculizó a la esposa del primero por una enfermedad que la podríamos sufrir cualquiera sino porque ella aparentemente se incomodó mucho con la ocurrencia del comediante, conocido en su país no precisamente por hacer un humor ligero sino muy ácido incluso con la comunidad afroestadounidense, a la que él también pertenece.

Entonces, si tú eres el marido y tu esposa está siendo humillada en público, el canon machista dicta que te debes poner al frente y reducir al agresor de una forma más humillante aún o hasta destructiva; por lo tanto, la bofetada parece estar justificada.

Olvidemos por completo que Smith es una figura pública y concentrémonos en la dinámica de a) alguien hace una broma de mal gusto sobre mi pareja, b) mi pareja parece incomodarse, c) tengo que reaccionar para poner en vereda al gracioso. Que la acción de Rock requería una reacción de Smith o su esposa, sí; lo ilógico sería quedarse tranquilo. Ante lo que identificamos como una agresión, no podemos quedarnos de piedra.

El asunto es cómo vas a reaccionar, y allí tu abanico se abre desde la respuesta primaria machista, optada por Smith, hasta las variantes más inteligentes y probablemente más vergonzosas para Roc, que pueden ir desde una asertiva llamada de atención en público, porque la agresión se hizo en público, hasta acudir a herramientas legales en un país donde te demandan hasta porque el palito de la letra Ñ no te pareció bonito, y si sabes fundamentar tu alegato, Chris Rock puede pasarse toda su vida endosándote millonarios cheques por su desatino.

Ahora, pongamos en la ecuación el hecho de que Smith, su esposa y Rock son figuras públicas, y le agregamos otro factor: una transmisión global en vivo. El chiste de Rock ya eran puntos en su contra. Es cierto que la psicología te enseña a que es mejor reírte de ti antes que otros lo hagan de ti, pero eso también significa que puedes reservarte el derecho a que la autoburla se quede como una autoburla. Total, si tú te troleas, ¿qué necesidad hay que otra persona lo haga por ti? No tiene razón de ser. Pero, si aun así me pica la lengua, el sentido común me dicta que primero mida la sensibilidad del contexto. Obviamente, Chris Rock no lo hizo y la regó.

¿Qué debió hacer Smith? Estaba nominado a Mejor Actor Principal, obvio que nadie sabía si lo iba a ganar, pero lo ganó; entonces ese espacio de un minuto hubiese sido tiempo más que suficiente para elevar su protesta en tanto se había humillado en público a una persona que no tenía vela en el entierro más allá de ir a una ceremonia. Y si no ganaba, con todo el poder que tiene como celebridad, hubiese mandado un comunicado o convocado a los medios y forzado una disculpa pública de Rock.

Ojo que Crhis sí se dio cuenta que la había regado al punto que tras el bofetón trató de poner paños fríos diciendo que todo había sido actuado. Control de daños, se llama. Claro que el propio Will Smith se encargó de desvirtuarlo y desdibujarlo tras ese raro discurso sobre el amor y la paz, y la protección del débil, y que básicamente solo tuvo disculpas a la Academia de Artes y Ciencias del Cine y los otros nominados. Los miles de millones que lo apreciaron fueron esta vez los excluidos e invisibles.

Por supuesto que hacia la noche del lunes (hora peruana), Will Smith publicó un comunicado en sus redes extendiendo la disculpa al resto del público en tanto la Academia ha anunciado una investigación por el dislate. Lo más probable es que, al menos, Chris Rock quede vetado a ser presentador en posteriores ceremonias (aunque la Academia le envió una disculpa); pero Will Smith podría perder su Oscar si se determina que su reacción –como vimos en vivo y vía satélite—fue desproporcionada.

Y eso que falta activar el expediente que la policía local ya tiene abierto contra Smith. Solo se necesita que Rock firme como denunciante y la cosa podría terminar en tribunales. ¿Se lo merece? Bueno, tercera ley de Newton. Revísala: todo lo que das te regresa en cantidades iguales o mayores. Si cuidas la calidad de lo que das, entonces garantizas la misma o mejor calidad de lo que te regresa.

En este orden de cosas, si Rock ya estaba en falta y debía pagar su estupidez, la reacción violenta de Smith fue peor: violencia llama a más violencia. Miren las reacciones en redes sociales celebrando el lapo. O sea, ¿así vamos a resolver las vicisitudes y humillaciones que vamos a sufrir en la vida, a cachetada, manazo, puñete, o hasta cegando la vida del agresor (o matando de hambre al inocente ya hambriento, como los transportistas de carga pesada)? Revisémonos. Miremos más bien el ejemplo de “CODA”. Para mí, ése sí fue el mejor momento de los Oscars. Sana envidia la que me siguen dando Matlin y Derbez. Ojalá no la rieguen también.

[Mira más contenido original en mi canal de YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCgT0UoX-v5JE1u-xDP_0uFQ ]

Diario El Regional de Piura

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