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Mar, Sep

¿Te olvidaste de vivir?

Nelson Peñaherrera
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ERP. Por si no te has enterado, lo que dudo mayormente, las provincias de Piura y Sullana (junto con otras 39 en todo el Perú) están en nivel de riesgo sanitario extremo, el mayor de cuatro, hasta el 9 de mayo. Como recordarás, esta clasificación busca diferenciar las medidas de prevención, mayormente restrictivas, para contener los contagios y eventuales decesos debido a la Covid-19: reducción de aforos, nuevas horas de cierre, suspensión temporal de actividades no esenciales.

Por: Nelson Peñaherrera Castillo

La medida comenzó a aplicar el lunes 19, y se supone que a las seis de la tarde, los restaurantes, por poner un ejemplo, ya debían cerrar, además de atender con aforos muy reducidos; pero ese mismo día, uno de mis compañeros, que caminaba por el centro de la ciudad de Sullana a eso de siete y media, veía todo abierto como si nada, a capacidad total y sin autoridad que lo fiscalizara.

Al momento de publicar esta columna, de los 15 mil casos activos promedio que se registran a diario en todo el país, por lo menos unos 10 mil son aportados por el departamento de Piura (los 100 mil reportados corresponden al histórico de casos acumulados). Los hospitales nuevamente no se dan abasto y las personas con diagnóstico positivo que necesitan hospitalizarse o tener cuidados intensivos se enfrentan a la posibilidad de que no hallen vacante.

Encima, como se ha denunciado en las últimas semanas, y hablando concretamente del caso de Sullana, si te hospitalizan y piden medicina a tus familiares, puede que no llegue porque se desvía en un esquema de tráfico ilegal que ya había relatado en este mismo espacio y sobre el que Fiscalía ya está investigando, con dos presuntos implicados (uno de ellos, un enfermero) encerrados preventivamente en prisión por año y medio.

Claro que el viernes 23 de abril se anunció que algunas actividades no esenciales pueden reabrir desde el lunes 26 con los mismos aforos que corresponde al nivel de riesgo sanitario muy alto, y que en el resto de negocios, incluyendo los no esenciales, se privilegie el uso de espacios al aire libre (con distanciamiento físico) para seguir atendiendo al público. A los gimnasios esto les cae bien, los restaurantes que no tienen terraza no sé cómo harán; pero, ¿y los casinos? A las azoteas, asumo. Sigamos.

A renglón seguido, Facebook se ha convertido en una red social de obituarios. Además de los comentarios de condolencias, otros que me llaman poderosamente la atención van en la línea de “bueno, Dios así lo quiso”. A ver, a ver, a ver. Jalemos el freno al caballo que yo aquí no percibo una resignación basada en la fe, sino una resignación basada en la fatalidad a secas.

Aclaro que no dudo del poder de Dios para generar y quitar vida, pero no va por lo metafísico mi señalamiento, sino por algo que ya he venido criticando todos estos años mediante esta columna y que tiene que ver con salud mental. Sí, ese tema que parece ser un tabú en pleno siglo XXI. La impresión que tengo al leer esos comentarios es que ya nos hemos cansado de luchar, de vivir, nos hemos rendido y hemos ingresado a modo de piloto automático.

Para quienes no entiendan la connotación del término, no tiene que ver nada con los aviones que todas las semanas –sí, vienen a razón de uno por semana—están trayendo las vacunas contra la Covid-19, por ahora el único método preventivo para evitar que te infectes, o que si te infectas no te afecte a niveles rozando la muerte… o la muerte misma. En los campos de la filosofía llamada conciencia plena (mindfulness, en inglés), se refiere al hecho de vivir por vivir.

Aplica a todos quienes se levantan, comen, hacen sus cosas, ven la tele, escuchan la radio y se van a dormir ya casi de modo mecánico, sin caer en la cuenta de qué está pasando en el momento presente y cómo eso puede potenciarse en tanto beneficio o evitarse en tanto lo opuesto. En otras palabras, tomar control de tu propia vida con todos sus efectos incluidos. Y en tiempos de pandemia, esa actitud podría salvar tu existencia.

Ojo que no soy gurú en la materia, pero sí conozco a personas muy cercanas (aquí, en el mismo Piura) que instruyen al respecto y que podrían darte unas sesiones de consejería por si te interesa el asunto (más abajo dejo mis redes sociales), pero sí me parece importante ponerlo de manifiesto porque creo que si analizamos el hecho de violar flagrantemente las reglas, de que la autoridad no nos controla, y que encima nos da lo mismo vivir o morir, pues, algo muy grave nos está pasando como sociedad y no estamos haciendo el mayor esfuerzo para ponerle un alto y revertir la situación.

Tampoco esto significa que pases al otro extremo, esto es de vivir con la psicosis de que en cualquier momento te contagiarás (que siempre es una posibilidad), sino de verlo desde el centro, de ser consciente de que si te expones lo menos o nulamente posible a los entornos donde el virus pueda rondar, nada te va a pasar. Pero si descartas la variable precaución, bueno, es algo parecido a una ruleta rusa.

El asunto aquí es que salgas de ese piloto automático tan pronto te sea posible. De lo contrario, quienes no lo están, y que no tienen las mejores intenciones del mundo, como los y las que están haciendo de la pandemia una oportunidad de negocio a costa de la vida de la comunidad (ejemplo: los traficantes de medicamentos, los que piden coima para instalar tal o cual cosa en el hospital, quienes ya están viendo cómo roban vacunas para vender, etc), o quienes están llevándote a punto de fanatismo entre dos posiciones políticas realmente escabrosas y agresivas contra todos y especialmente todas, van a aprovecharse de ti, te van a dejar de lado, y luego comienzan los descontentos que nos frustran, nos hacen reaccionar violentamente, y terminan destruyéndonos.

Y, sin que suene a teoría de conspiración, esa misma gente sabe cómo usar los medios de comunicación y redes sociales para vendernos tanta noticia mala (muchas veces, noticias falsas), que terminan destruyendo nuestro optimismo, acabando con nuestra esperanza, aumentando nuestro desánimo. Y cuando eso nos pasa, sí entramos en un espacio fangoso del que tenemos que liberarnos de inmediato.

Si piensas que todo lo que digo es una sandez, lamento decir que es un indicador de que precisamente estás en ese piloto automático. Por supuesto que eres libre de seguir navegando tu vida con él o de desactivarlo, pero créeme que yo me siento más tranquilo expresando lo que percibo que esperando a que lo descubras en cualquier momento y no de la mejor manera.

Como me lo explicaba un divulgador científico cuya entrevista me van a publicar esta semana, hay buenas perspectivas de cara al fin de la pandemia, no solo por las vacunas, sino porque ahora la ciencia sabe más que antes y tiene más elementos probados para desactivar al virus; pero esa luz al final del túnel solo se hará más próxima si también ponemos de nuestra parte, tomamos el control que nos corresponde y actuamos con plena consciencia. La fe mueve montañas; pero la fe sin obras, es fe vacía. No sé quién lo dijo, pero tiene mucho sentido.

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