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Sáb, Sep

Parece que no es por falta de plata

Nelson Peñaherrera
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ERP. Hasta la fecha, Perú no ha logrado medallas en los Olímpicos de Tokio 2020, que por pandemia recién se están llevando a cabo entre fines de julio y agosto de este año. Créditos casi míticos, como Sofía Mulánovich o Luca Messinas, en el surf, si bien han competido poniéndole garra, se han quedado por décimas de meterse en el medallero. Dicho sea de paso, el mayor evento deportivo del planeta en nuestro país ha caído en cierto desinterés en buena parte por culpa de los medios de comunicación.

Por Nelson Peñaherrera Castillo

Las razones por las que hemos sucumbido pueden ser múltiples, pero quizás la que no entra en el análisis es la escasa preparación porque, dentro de las limitaciones, nuestros y nuestras deportistas hicieron excelentes puntajes, repito, a solo décimas de quienes sí lograron subir al podio. Mejor dicho, por malos no nos chotearon; fue por esas fracciones de punto que suelen hacer la diferencia en todo, como en los exámenes de admisión, en los que te preparas a conciencia, lo haces muy bien pero probablemente hay quien lo hizo mucho mejor que tú.

Obvio, no es motivo para frustrarse sino para esforzarse y remontar en la siguiente oportunidad. Pero regresemos a lo que puse en el párrafo anterior y concentrémonos en la palabra “limitaciones”. La primera idea que puede venir a nuestra cabeza es la falta de auspiciadores o espacios altamente especializados donde entrenar, aunque luego de los Panamericanos de 2019, al menos en Lima sí ha quedado buena infraestructura; pero pensemos en Mulánovich y Messinas, quienes si bien tienen las instalaciones adecuadas en la capital, la verdad es que prefieren correr olas aquí en el norte, y concretamente en Máncora, Piura, porque son las mejores (dicho sea de paso, las olas en Tokio son una porquería completa, horribles para correr tabla).

¿Hay una instalación altamente especializada para entrenar surf en Máncora? No. Lo que abunda son hoteles, discotecas, restaurantes, y… hoteles, discotecas, restaurantes… y hoteles, discotecas… Ya se me pegó el teclado, sorry. Sigamos. Eso nos lleva al tema de cuánta inversión se dedica a esos deportes en los que sí podemos ser medallistas, y si vamos más al fondo del asunto, ¿qué tal si esa carencia de dinero no tenga que ver con que “no hay plata” sino con que no hay conciencia?

Desde el pasado fin de semana hay una protesta pacífica bien interesante en Twitter que nos puede poner inmediatamente en el punto. Uno de los deportes fuertes en Perú es el voleibol. Tras la hazaña de esa medalla de plata en Seúl 1988, el deporte de los saques y mates nos ha dado varias satisfacciones internacionales, con sus altibajos pero ahí se ha sostenido, y un partido de esa disciplina hace buen ‘rating’ en la tele.

Una de las modalidades disputadas en Tokio ha sido el vóley masculino, en la que, si no me equivoco, Brasil es potencia continental y quizás mundial (para variar). En Perú sí hay varones que juegan vóley y lo juegan muy bien, entonces hay potencial. Pero, ¿por qué no llegamos a los Olímpicos con un buen combinado? Lo que decían varios tuiteros, entre ellos el capitán de nuestra selección (sorpresa, sí tteníamos) es que no habrá semilleros y menos buenos atletas si es que cuando un varón saca o mata, no haya otro varón –tarado, hay que decirlo—que lo homosexualice.

Aunque la discusión parece no haber saltado a los grandes medios peruanos, en Twitter es tendencia: los prejuicios de género, y en particular la homofobia peruana, es la mayor amenaza para tener una selección masculina de vóley altamente competitiva y con miras a concursar en los Olímpicos. Y con un Presidente de la República y un presidente de Consejo de Ministros abiertamente homofóbicos (aunque la izquierda lo dulcifique), como que el escenario no es muy promisorio que digamos.

Revisemos el prejuicio tarado respecto al vóley y la masculinidad arcaica. Dicen los “teóricos” de cantina que ese deporte es solo para mujeres (en tanto que el fútbol es solo para varones), por lo tanto si un hombre juega vóley, si no es homosexual al menos se siembra la sospecha de que lo sea (lo mismo que sucede si una mujer juega fútbol, a la que se tacha de lesbiana, si es que no se siembra la sospecha de que lo sea).

Pero, ¿hay conexión entre una pelota de balonvolea y la identidad de género o la orientación sexual? Desde el punto de vista fisiológico, no todas las personas estamos configuradas para desarrollar las mismas destrezas deportivas. Quienes me conocen, por ejemplo, saben que soy un desastre para los deportes de equipo y de coordinación. Simplemente no consigo sincronizar movimientos ajenos con los míos, así que olvídense. Aparte que soy malo calculando distancias en espacios cortos. Pero más bien, he encontrado que soy mucho más hábil en deportes que demandan esfuerzos individuales, y lo hago bien.

Traspolemos mi experiencia a la de otras personas, no importa el sexo, que tienen la misma fortaleza y la misma debilidad: buenos en las pruebas individuales, pésimos en las colectivas. ¿Eso nos sobrecalifica o descaliffica? No. Bueno, si elegimos el deporte incorrecto, sí, de hecho, olvídate, ni pa’l gato.

Ahora pensemos en personas que sí son buenas en deportes de equipo, pero que no tienen la resistencia para correr por casi una hectárea durante tres cuartos de hora, pero a lo mejor tienen una habilidad innata en muslos y rodillas que les permite saltar como resorte y que además hace que sus brazos funcionen mejor que palancas hidráulicas, y que encima pueden calcular la distancia de colisión de un objeto en el aire. ¡Listo! Ahí tienes un talento potencial en deportes como vóley, tenis, básquet, béisbol, rugby, o qué se yo.

Todo eso que te menciono no tiene nada que ver con el sexo, menos con tu identidad de género (cómo te ves respecto a tu apariencia) o la orientación sexual (cuál es tu tendencia afectivo-sexual), tiene que ver con una configuración previa (preset) que podría estar relacionada con tu genética o tu fisiología, y ahí tiene que ver tu linaje, calidad de vida, historial de salud, en fin, cientos de factores que puedes usar a tu favor o que te seguirán jugando en contra.

Digo, pensemos en uno de nuestros remeros olímpicos. Ese chico quería ser futbolista y sentía tener las condiciones, pero un problemita con su sistema óseo se lo impide y más bien lo hace eficaz y eficiente conduciendo un bote. ¿Lo vuelve menos o más varón? No; lo hace menos capacitado para el fútbol, pero sí supremamente calificado para el remo. Listo. Igual con nuestras habilidades personales: hay quienes somos buenos escribiendo u organizando información pero somos incapaces de sostener un trabajo físico arduo. Y eso no nos hace mejores o peores, sino hábiles en lo que mejor sabemos hacer.

Dicho todo esto, ¿será posible que la falta de apoyo a deportes en los que el Perú sí tiene el potencial de destacar tenga que ver más con prejuicios y estereotipos que con escasez de plata? Sí, ya lo dije líneas arriba pero lo reitero para generar la discusión. Y dejemos a un lado los prejuicios de género. ¿Acaso el surf no ha sido etiquetado como un deporte de hijos e hijas de papá y que suelen consumir marihuana? ¿O se disculpa más, porque “el fútbol es deporte de varones”, que uno de nuestros pateadores de penales tenga problemas con el alcohol, o también se disculpa que otro evidentemente alcohólico haya desperdiciado una carrera en la liga profesional por el mismo tonto prejuicio?

Sí, es cierto, puede que haya voleibolistas homosexuales lo mismo que debe haber futbolistas homosexuales. Que unos hagan puntos y los otros hagan goles no tiene más diferencia que la magnitud para medir su destreza, pero ambos son deportistas, y más allá de sus circunstancias, la pregunta es cuánta excelencia consiguen en lo que saben hacer. Si no lo miras con ese criterio, seguiremos siendo el mismo país mediocremente deportivo… y no lo merecemos.

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Diario El Regional de Piura

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