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Dom, Jul

Perú, un país con una democracia fallida y ciudadanos que eligen al azar

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ERP. El Perú es un país con serios problemas estructurales y que ha pasado por diversas etapas. Nacer a la vida republicana, solo fue el snob del momento, pero no significó acabar con las diferencias y dicotomías que como grietas se fueron haciendo más evidentes entre peruanos y peruanas y también entre quienes no lo eran. Se podría decir, que es la nación de las desigualdades irresolutas.

El análisis de la realidad de peruanos y peruanas, implica ahondar en el desarrollo de su economía, caracterizada por actividades primarias extractivas, entender el tardío desarrollo del conocimiento y la educación en concordancia con las exigencias globales, igualmente, profundizar sobre las diferencias territoriales, consecuencia de un gobierno que desconcentró poquísimo y que aún, pese a sus intenciones de formar parte de la OECD, concentra las decisiones estratégicas en Lima.

Para entender lo que pasa ahora, el Economista Juan Manuel Aguilar precisa que “El voto universal no tiene más de 70 años, anterior a ello, votaban solo algunas personas, y no se permitía el voto de las mujeres. Según don Valentín Paniagua, nuestros inicios democráticos se caracterizaron por la situación de servidumbre a la que se hallaba sometida la raza indígena, una legislación incoherente con la verdadera realidad del país y, por cierto, en unas «costumbres electorales» reñidas con el respeto a los más elementales principios éticos y democráticos”.

Tomando como referente al ex presidente Paniagua, precisa que “nos dice que las primeras elecciones republicanas no correspondieron a la genuina voluntad popular, y las posteriores los resultados tuvieron mucha influencia del mandatorio de turno, hasta un periodo de genuina libertad electoral comprendido entre 1963 y 1992 con reformas que permitieron fortalecer el sistema electoral, pero lamentablemente fue trunco por el autogolpe del 5 de abril”.

Una particularidad de las últimas décadas ha sido el debilitamiento de los partidos políticos, incluso varios de ellos extintos y hemos dado paso a una nueva forma de hacer partido, la familiar, o los grupos de interés económico. En lo personal considero que, al debilitamiento del sistema de partido hemos añadido una nueva “costumbre electoral”, la búsqueda del outsider. Esta a su vez se entremezcla con esa creencia popular de la llegada de un salvador quien tendría la capacidad de solucionar todos nuestros problemas” precisa Juan Manuel Aguilar.

Luego agrega Aguilar “Y entonces en cada proceso electoral, buscamos a ese salvador, alguien que aparece en el escenario político de un momento a otro y generalmente no forma parte del “sistema político tradicional”, alguien que nos haga el milagro. Lo dicho anteriormente tiene como corolario, la ausencia de una visión conjunta de País. Si bien el Ceplan viene haciendo esfuerzos por construir la visión del Perú al 2050, por ahora aún nos vemos en una pugna entre Lima y las provincias”.

Algo que no admite negación es que Perú, es el país de los ensayos fracasados, y que en diversas formas trataron de lograr una real hegemonía. Si antes fueron los caudillos, quienes lograban imponerse incluso con el uso de las armas, hoy, la manipulación es mucho más grotesca y se mezcla con el dominio de poder que vinculan a empresarios, medios de comunicación y también integrantes del gobierno de turno, corrompidos por el sistema.

La búsqueda de alguien que, con enfoque diferente entienda los problemas del país, que resuelva los déficits más importantes sobre todo de servicios esenciales, se observa en cada proceso electoral. El elector, el cual decide con la poca información que tiene en su mente, al final termina envuelto en toda una campaña de manipulación y distorsión.

El Antropólogo Manuel Hidalgo León, indica sobre esta idealización “En general, idealizar es ir en busca de algo mejor, es natural en el ser humano. En política realizamos la misma práctica, imaginamos un gobernante resolviendo nuestros problemas, incluso personales, sin saber que los problemas son públicos es decir colectivos y en efecto son complejos de resolver. En la búsqueda del ideal pasamos del blanco al negro, sin reflexionar y menos con pensamiento crítico, al parecer nos dejamos llevar por la pantalla y finalmente decidimos tirar la moneda como un juego al azar, un grave error para para nuestra nación”.

Se sabe que los grupos de poder, tienen la posibilidad de transversalizar los asuntos del Estado, no solo obteniendo contratos a su favor, una situación que es recurrente, sino igualmente, en una actitud netamente mercantilista, han logrado que el Estado, se subordine a un orden individual o grupal ya sea adecuando a su favor el marco normativo y demás, donde los apellidos son comunes y generalmente, los más ricos del país.

Llevar y entregar dinero a los políticos, no es un hecho nuevo. Bastaría leer La Historia del Perú de Jorge Basadre, para encontrar actos de corrupción. Se podría decir que se han sofisticado, de tal manera, que muchos saben que se roba al Estado, pero igualmente tienen la certeza que no les pasará nada, porque Contraloría y Ministerio Público, tanto como el Poder Judicial, son instituciones afectadas por la degradación. La postulación de Keiko Fujimori, manchada por lo que hizo el propio padre y ella misma, indica la decadencia de la política peruana. 

Si miramos retrospectivamente los últimos 60 años de vida republicana, se podría decir que se pasó de un idealista como Fernando Belaúnde Terry, que ofreció por ejemplo aplicar la reforma agraria, pero que pasados sus años de gobierno, el latifundismo seguía caracterizando a un país que tuvo todo para cambiar sus patrones de desarrollo. Sucumbió ante un golpe militar, dirigido por el piurano Juan Velasco Alvarado. Para los estudiosos, el único intento real de transformar el Perú; para otros Velasco fue el causante de la debacle de las últimas décadas.

Pero un gobierno que precede del golpe, sabe que su fin también llegará con un hecho similar. Los militares lo reemplazaron con la misma facilidad que lo empoderaron y lo que antes implicó una marcada inclinación a la izquierda, la reconvirtieron para llevar al lado del mercantilismo. Luego, se convocó a una asamblea constituyente que terminó con la Constitución de 1979 que tuvo una corta vigencia.

El debate constitucional de aquellos tiempos buscó consensos entre izquierda y derecha; la polémica era intensa y los sueños de un país en revolución formaban parte del ideario de muchos líderes de izquierda. Era preferible acumular poder en democracia que mantenerse en el ostracismo o irse al "monte"; y así, aprobaron el documento constitucional, que obvió que pocos años después el muro de Berlín, sería el símbolo de la decadencia socialista.

Tras el golpe de Estado de Velasco, su reemplazo con Morales Bermudez, se convocaron a elecciones generales y lo que se esperó, devenga en un resultado más popular, culminó con el retorno del defenestrado. Belaunde en su segundo gobierno, dejó de lado sus postulados de cambio y de reforma que lo posicionaron en su primer gobierno, para convertirse en alguien que solo se dedicó a observar como el Perú avanzaba sin rumbo alguno.

Es así que, cansados de una economía que comenzaba a mostrar sus debilidades, el enorme endeudamiento externo y el sueño de un Perú mejor logró su máxima expresión con Alan García Pérez. Ya se le había visto como diputado y su vehemencia conflictiva con Manuel Ulloa, lo mostraban a un personaje alto, robusto, con voz meliflua, pero diferente y soñador.

García fue el seudo redentor de los oprimidos, la esperanza frustrada de los pobres; acompañaba a su imponente figura, un verbo refinado y florido, capaz de encandilar al más indiferente de los peruanos o peruanas. Intentó hacer en el segundo lustro de los 80, lo que Víctor Raúl propugnó décadas anteriores. sus "balconazos" eran una andanada de frases de un Perú nuevo..

Alan intentó hacer cambios sustantivos, tras fracasar con el pago del 10% del PBI para la deuda externa; pasó a estatizar el sistema financiero. Es así, que tras una levantisca nacional de la derecha y también de quienes no lo eran pero eran llevados hacia esa opción, se inició una gran movilización para revertir los afanes estatistas del presidente. Fue su gran equivocación. 

La famosa heterodoxia económica, nos llevó al descalabro y demostró que el presidente García, no solo era un lenguaraz innegable y bueno, sino que de economía no sabía nada. La inflación pulverizó el valor de la moneda nacional y la producción llevó a enormes colas para adquirir los productos básicos. Esa joven esperanza, terminó como el más grande fracaso y matando las esperanzas de millones de peruanos. Su ánimo de mantenerse en el poder, incubó a un personaje totalmente desconocido. .

En efecto, después del desastre aprista, llegó un personaje idealizado como la solución para el país. Su ascendencia japonesa lo refería al "chino" trabajador y honesto de la tienda de cualquiera esquina y en tal sentido la mayoría de peruanos y peruanas dejaron de lado a un liberal como Mario Vargas Llosa y sucumbieron a las frases de “Honestidad, tecnología y trabajo”. Quizá Alberto Fujimori, pudo convertirse en un político influyente y de gran credebilidad; sin embargo, escogió el camino equivocado. Pese a sus logros de carácter económico y de pacíficación nacional, violentó derechos humanos, infringió la norma constitucional y acabó en una telaraña de la cual, es posible solo salga difunto. 

Ganarle al desastre que dejó Alan García era fácil para cualquiera que actuara con responsabilidad. Lo cierto que los ajustes estructurales, permitieron la estabilidad macroeconómica del país y por ende, el país se hizo más viable. Fujimori, poco a poco se fue consolidando y la población comenzó a reconocerle méritos. De haberse mantenido por esa senda, es probable que su destino no hubiera sido la cárcel.

Dos años después, tuvo la infeliz idea de dar un autogolpe. Disolvió el Senado de la República y también la Cámara de Diputados. Pese a que no podía hacerlo con el primero lo hizo e inicio un camino sin retorno; sin embargo, más allá de los legalismos, lo cierto que el oriental, gozaba de respaldo ciudadano y lo que debería haber sido un rechazo, se convirtió en aceptación. Aquí cabe una conclusión, se sabe que para el peruano, el respeto a la norma y a los valores éticos, es un asunto sin mayor importancia. 

Fujimori, para salir de la crisis de 1992 convocó a una nueva constituyente, se aprobó la actual carta magna y luego se hizo reelegir, una vez, dos veces y cuando ya no era posible, intentó, bajo la complacencia de muchos, postular una vez más. Ese fue el comienzo del fin, del ahora anciano expresidente que fugó primero a Brunei y después a Japón, donde se refugió.

La historia lo muestra intentando regresar al país, vía Chile. La poca capacidad de análisis de sus asesores y de él mismo, los llevó a subestimar la institucionalidad chilena. Tras la sorpresa inicial de su presencia en Chile, se le procedió a detener y se inició desde Perú los trámites para extraditarlo. Las sombras de la cárcel lo esperaban..

Lo que se supuso sería una toma de conciencia para peruanos y peruanas, por los grandes ribetes que implicó esta crisis política, transcurrido el tiempo no sirvió para nada. Fue la oportunidad de Alejandro Toledo Manrique, un presidente que fijó sus prioridades entre la pose y la bebida. Pese a ello, la economía la mantuvo estable y creó algunos programas sociales como Juntos, que se mantienen a la fecha.

Retornó Alan García del extranjero, más viejo y más gordo, pero de ninguna manera diferente en su forma de actuar. Aunque se podría decir que entendió que era un neófito en economía y no se metió en ella, pero sí aviesamente abrió las puertas de las cárceles para liberar narcos, no se metió con los banqueros, al contrario, los apoyó e hizo con el cuento del desarrollo nacional, acuerdos debajo de la mesa con la empresa Odebrecht. Sin mayor gloria y más con pena, cumplió sus 5 años de gobierno. Fue vapuleado electoralmente un lustro después.

Interesaba la estabilidad democrática y mediante elecciones, un militar devenido en político, ingresó a la palestra pública. Ollanta Humala Tasso, hablaba del Perú diferente, de las grandes desventajas, del aprovechamiento de los que más tienen en perjuicio de los que menos poseen; lo pintaron de comunista y las puertas del establishment estaban cerradas para él. Tuvo que negociar y en segunda vuelta, se impuso como flamante gobernante.

Ollanta Humala, hizo todo para pasar a la historia como un pelele; primero, fue incapaz de generar un relevo generacional, destruyó su base política e hizo acuerdos para no aplicar las reformas ofrecidas. Las empresas mineras lo engañaron con el aporte voluntario y el manejo económico no tuvo nada de diferente. Se crearon más programas sociales, bajo la lógica que es la manera de compensar al más desvalido por el sistema económico. Pero la explotación de los recursos naturales en suelo peruano, siguieron y siguen.

Explicar las actuales circunstancias políticas no lleva a referirmos a Fuerza Popular. Desde el retorno a la democracia, después del golpe de Estado de Fujimori, este partido aunque con nombre diferente buscó y busca recuperar el gobierno. Primero intentó mantenerse vivo con Martha Chávez, luego se reencaminó con la hija de Alberto Fujimori, participando en las elecciones generales con poco éxito. La poca seriedad y transparencia de esta agrupación, señalada como una red criminal ha impedido ganar la presidencia de la República.

Hasta el momento no ha podido reencontrarse con el poder, pero sin con intervenciones desde el parlamento, donde han tenido y tienen la capacidad de socavar los cimientos de la estabilidad política. El triunfo de Pedro Pablo Kuczynski, no solo fue una disputa entre símiles políticos, sino que se generó un encono infantil de una candidata poco preparada para estas lides.

Desde el primer día, la confrontación fue evidente. La hija del expresidente, manejaba a una bancada inflada por las fallas del sistema democrático y comenzó a soliviantar desde el Congreso. Es así, que aprovechando el indulto de Alberto Fujimori, se opusieron a esta medida, en una decisión poco entendible y confrontaron para lograr la vacancia del mandatario con acusaciones de negociados en calidad de funcionario público..

Con información visual, la mayoría parlamentaria liderada por los fujimoristas obligaron a renunciar al anciano presidente Kuczynski y se abrió la posibilidad de Martín Vizcarra Cornejo, quien en una primera instancia entró en devaneos con los dirigidos por Keiko Fujimori, para alejarse semanas después e impulsar sus propias decisiones.

La convocatoria a nuevas elecciones, fue un mal cálculo político o un pésimo análisis de la realidad social del Perú. Lo cierto, que los nuevos partidos políticos, no contribuyeron a otorgar estabilidad al país y sobre todo a la democracia. Es así, que con esas paradojas que tiene la política y tras conciliábulos desde el Congreso, se procedió a vacar al presidente Martín Vizcarra, para cederle el paso a un ignaro como Manuel Merino de Lama.

La repulsa ciudadana no se hizo esperar y miles de ciudadanos y ciudadanas, salieron a las calles, arrinconando al presidente de facto, para llevarlo a la renuncia y escoger dentro del parlamento a un nuevo rostro que le de estabilidad al sistema político. Francisco Sagasti, por la forma y por el fondo, pudo completar el periodo y llevar adelante elecciones generales, las cuales fueron limpias y transparentes.

Las elecciones que dieron como ganador a José Pedro Castillo Terrones, estuvieron signadas por nuevos acontecimientos políticos promovidos desde la derecha peruana. En efecto, Keiko Fujimori, recibió en todo el proceso y sobre todo en la segunda vuelta electoral, el apoyo de medios de comunicación, empresarios y líderes autodenominados “demócratas” para desconocer el resultado electoral.

La génesis de lo que se vive ahora, se explican en el resultado electoral del 2021. El triunfo de José Pedro Castillo Terrones, no fue un voto informado y consciente por las calidades propias, fue el resultado contra un grupo de políticos, denunciados por actos de corrupción y herederos del fujimorismo, cuyo líder se encuentra en la cárcel por delitos de lesa humanidad.

El presidente Castillo Terrones, es un político improvisado, poco informado, ignaro y por lo tanto muy vulnerable. Al no tener una base conceptual e ideológica, es un personaje muy elemental y que no tiene la formación que le permita adoptar decisiones. Debido a esta realidad, sus acciones de gobierno han estado marcadas por altibajos e incertidumbres que no ha podido aclarar.

A ello se suma la constancia política promovida desde el Congreso para vacarlo. En una primera instancia intentaron vacarlo por incapacidad moral permanente, la misma que le aplicaron a Pedro Pablo Kuczynski y a Martín Vizcarra; pero esta causal para analistas serios es simplemente un golpe de Estado y no es un procedimiento constitucional.

Ahora, este grupo de mayoría derechista, agrupados en Fuerza Popular, Avanza País, Renovación Popular y una parte de Acción Popular, se encuentra modificando la Constitución para viabilizar la salida de Pedro Castillo Terrones. Como parte contraria de esta posición el mandatario, ha conformado un gabinete mediocre y da la impresión, solo para impedir que hayan los votos que lo saquen del cargo.

En esta crispación del Ejecutivo y Legislativo, se desenvuelve la política peruana. Unos buscando las formas y maneras de vacar a Pedro Castillo y por el otro lado, intentando evitarlo. En paralelo a esta realidad, se encuentran los verdaderos problemas del país, los cuales tienen en la pandemia el principal reto a superar, una economía que debería replantearse para hacerla más social, el desempleo, la informalidad, el uso inadecuado de los recursos naturales, en términos objetivos, la baja calidad de vida de millones de peruanos.

Da la impresión que estos problemas no le interesan a la clase política, que prefieren blandir sus fuerzas políticas para obtener el poder, cueste lo que cueste, Bajo esta realidad el Perú ratifica su condición de país inviable y con muchas limitaciones a superar.

Como indica Hidalgo LeónLa pugna por el poder político es un ejercicio propio para los que aspiran al gobierno, pero esa lucha debe culminar cuando el pueblo decide por uno u otro gobernante, resulta que ahora la lucha es pan de cada día, en este caso creo que el Fujimorismo es el principal responsable, fue este partido quien haciendo uso de su fuerza numérica en el Congreso puso en vilo todo el gobierno 2016-2021. ¿Qué podemos hacer? Elegir mejor, informarnos y ser críticos con el fin de evitar que la peor opción se haga del poder o qué tengamos una segunda vuelta con las peores opciones”.

En esa búsqueda del “redentor” las esperanzas del pueblo se diluyeron conforme avanzaba su gestión, de tal manera que lo que constituyó un nuevo creer terminó en un terrible fracaso. Según Juan Manuel AguilarEn general nuestra historia presidencial es una de oportunidades perdidas y de corrupción. El presidente Belaunde es con claridad una de esas oportunidades perdidas, si bien logró avances significativos en términos de infraestructura económica y social para el país, hizo poco en fortalecer el sistema democrático”.

Aguilar, agrega que “Desde 1985 hacia adelante todos nuestros gobernantes se han visto comprometidos con actos de corrupción (excepto el gobierno de transición de Valentín Paniagua) y casi todos los ex mandatarios afrontan procesos con la justicia. Lo cual debilita nuestra inmadura democracia. Quizás lo rescatable de esta etapa sea la sucesión democrática de gobierno entre el año 2000 y 2021, proceso de también hoy enfrenta una crisis seria por las disputas en el ejecutivo y el legislativo. Unos guiados por vacar al presidente y este queriendo defenderse con la amenaza de cerrar el Congreso”.

Finalmente, se puede decir que el Perú, es un país inviable sobre todo por el abandono de la educación que permitiría tener una mejor ciudadanía capaz de decidir bien. Respecto a esta limitante, la forma y modo como deciden los hombres y mujeres del país, tiene muchas carencias que se explican en el abandono ancestral de la política educativa y el resultado, se observa en este tipo de definiciones; las alternativas era votar por una investigada por delito de lavado de activos o por un ignaro con la esperanza que podría aprender en el camino. No se eligió a la delatada como corrupta, pero el aprendiz no pasó de esa condición; por lo tanto, la crispación seguirá entre la vacancia y la disolución congresal

Diario El Regional de Piura

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